Bancos centrales, el oro y el final de una era

Antal Fekete nos viene advirtiendo desde hace años y décadas, incluso, del fenómeno que estamos viendo hoy día: el bizarro comportamiento de los principales bonos mundiales y la supuesta creación incontrolada de dinero.

Como bien ha dicho Fekete por activa y por pasiva, cuanto más dinero mete la FED en el mercado, más bajos son los tipos de interés, ya que dicho dinero es absorbido, como una esponja, por los bonos y letras del tesoro sin piedad.

Cuanto más bajos son los tipos de interés en los bonos, menos expectativas de una fuerte inflación ha de haber, con lo que la FED, el BCE, el BOJ y cualquier otro banco central del mundo, en realidad, se ven obligados a hacer ulteriores intervenciones, es decir, más QE, y por lo tanto, tipos más bajos, o lo que es lo mismo, reforzando el círculo deflacionario.

¿No es esto una locura?

¿No se supone que los bancos centrales están intentando crear inflación?

¿Cómo vas a crear inflación si compras todos los bonos del mundo y llevas los tipos a cero?

Paul Singer y el gran corto del siglo

En unas últimas declaraciones del hedge fund manager, Paul Singer, este nos dice que el gran corto de esta era está en los “derechos a largo plazo sobre el dinero papel”.

Lo que no nos dice Singer es cómo hacer ese corto. Pero para eso está Zero Hedge, quién nos lo recuerda en un último artículo sobre este asunto: en oro.

Lo que muchos llevan diciendo, el presente incluido, desde hace tiempo.

Lo que estamos viendo hoy en día es una aberración de tal magnitud, una fantasía tal, que cualquiera con sentido común debe preguntarse si está viviendo en un mundo de locos.

La respuesta obvia es que vivimos en un mundo de locos, de locos keynesianos e ideología socialista.

Una ideología socialista que está tan incrustada en el psique de las masas que podríamos considerarlo como un fenómeno religioso.

Obviamente, la mejor manera que la FED o los gobiernos podrían hacer para crear inflación es dejar de comprar bonos. Esas “inyecciones” de liquidez son una falsedad desde un punto de vista inflacionario.

Pero la paradoja es que intentar crear “inflación” destruiría su edificio de “seguridad”.

Como nos dice siempre Fekete, todo el mundo sabe que la FED y el BCE van a comprar bonos. Todo el mundo, obviamente, los compra antes.

El mercado alcista de bonos está asegurado.

Lo raro del tema es que es una estrategia suicida. U

na estrategia sin salida.

Es como si de alguna manera, la “gente” supiera que va a morir, y se dejan llevar por unos últimos días de vicio y depravación apostando, además, por el único mercado alcista que es “seguro”: el mercado de bonos.

Si total, mañana todos muertos (moto favorito del keynesianismo), vamos a comprar bonos, que es lo que sabemos, va a subir llueva o haga calor. Por lo menos, mientras dure la fiesta, que sea fiesta de verdad.

Todas estas compras masivas en los mercados de bonos no tienen salida. La FED no tiene salida, tampoco la tiene el BOJ. Todos están atrapados contra la espada y la pared.

En el momento que cualquier gobierno intente crear inflación de verdad, mediante la impresión grosera de dinero (sin pasar por el mercado de bonos), o mediante el dejar de comprar bonos por parte de los bancos centrales, veríamos un auténtico colapso de dichos mercados. Sería tan grande la subida de los tipos que las bolsas se irían a niveles inimaginables, a la baja claro.

En una situación así, los bancos centrales volverían a actuar desesperadamente comprando los bonos nuevamente, o los gobiernos dejando de “imprimir” a la venezolana.

No hay salida. No es posible.

En el momento que alguien grite el tan temido: “tonto el último” y empiece el juego de las sillas, nos vamos a encontrar con que solo hay una silla que quede en pie, aunque sobre una fundación muy precaria: la silla del oro.

El corto al que se refiere Singer no es otro que el oro. Ningún otro activo podrá salvarse de la quema final.

En ese escenario, bien podremos tener las acciones subiendo un millón por ciento al año, pero no valdrán de mucho ante la carrera de locura final del keynesianismo.

Es más, los beneficios en dólares, yenes, euros, etcétera, no serán sino papel muerto.

Ese escenario es lo que Fekete llama el último contango, al que yo llamo “el día final del capitalismo”.

Al contrario de lo que creen muchos, un día así, con el fracaso manifiesto de las políticas de los bancos centrales durante todos estos años, no será un triunfo de la libertad y de la vuelta a estados menos burocráticos y con más propiedad privada. Justo lo contrario será lo que ocurra.

Cuando todo el edificio se venga abajo, y durante el proceso, las masas estarán en un estado de psicosis total, viendo como sus activos, ahorros, sueldos, esperanzas, son destruidas.

Muy al contrario de lo que la lógica nos dice, los que más se van a beneficiar de eso son los mismos que nos llevaron a la situación causante del problema: los Estados y sus partidarios.

La solución final será propuesta por estos.

No habrá alternativa.

Las disensiones o intentos de que no sea así serán aplastados sin misericordia en un mundo donde no habrá lugar para florituras.

El “mercado es el culpable de la crisis”, gritarán muchos.

Así se construirá el edificio final del actual ciclo humano, la “Jerusalén celeste” se habrá edificado sobre la tierra, la “cuadratura del círculo” se habrá completado. L

as fuerzas keynesianas, por llamarlas de una manera, se habrán apoderado por completo del edificio de la humanidad.

En esa situación, cualquier oro en manos privadas que hubiera sido acumulado intentado prevenir esa misma situación, será inútil, pues será perseguido y confiscado. O simplemente no se podrá “intercambiar” en un mercado oficial, que será prácticamente totalitario.

Quizá solo haya algunas jurisdicciones en el mundo donde se pueda hacer ese intercambio del oro que se pueda salvar, pero dudo que sea en algún país de Europa Occidental o los Estados Unidos.

El emperador no tiene ropa, y lo sabe, pero le da igual, pues su objetivo final es el Poder, el maldito y vicioso Poder.

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