¿Cómo será la confiscación final de la crisis?

Ya nos decía Tocqueville que las democracias son solo formas temporales de gobierno, y que las mismas siempre degenerarán irremediablemente en dictaduras.

Aunque, por supuesto no fue el primero en darse cuenta en darse cuenta de un hecho tan evidente. Antes de él ya lo habían hecho Platón, Aristóteles, entre otros.

Es más, me atrevería a decir que mucho antes de estos, los sabios sabían que una democracia nunca termina bien. Es bonita mientras dura, sí; pero no termina bien.

Como decía Platón: “la mejor de las constituciones malas”; la más bonita, pero solo por un tiempo.

En el ciclo de las constituciones las democracias siempre terminan en dictaduras totalitarias.

Esas dictaduras totalitarias siempre acaban confiscando la mayor parte de la propiedad privada de la nación; a veces toda, como sucede en la Era Moderna cuando un país transita hacia el modelo de dictadura por excelencia de esta Era: el socialismo radical o comunismo; siempre disfrazado de democracia con nombres ridículos como “democracia del pueblo”, “democracia orgánica”, etcétera (sic).

El hecho fundamental del fin de las democracias es una confiscación generalizada cada vez mayor por parte del Estado y todos sus agentes afines.

Las masas no pueden detener la marcha en el proceso de construcción del gran parásito. Intentar hacerlo es quedarse atrás en una carrera en la que todos quieren participar. Las fuerzas opositoras a este tren acaban siendo aniquiladas tarde o temprano.

Gastar el dinero, antes de que te lo quiten

Recuerdo en las lecturas de Antal Fekete, como este, en ocasiones, llegó a decir, que casi lo mejor que podrían hacer los ahorradores, era gastarse el dinero ahorrado ahora, que todavía tenían tiempo.

Pues, a pesar de lo que nos digan y del hecho de que la mayor parte de la sociedad es deudora neta, como el Estado, el IBEX 35, las empresas, los hipotecados, los que deben la letra del coche, etcétera, todavía hay bastante gente cuyo balance contable es, por decirlo así, positivo. Es decir, que tienen ahorros.

Ahorros, que pueden ser en forma de depósitos, de inmuebles, acciones, fondos de inversión o lo que sea.

Este grupo, como dije antes, es minoría con respecto a los deudores. Estos últimos acabarán inclinando la balanza a favor del perdón de las deudas, a la Solón, como siempre ha terminado por ser y como siempre será, ya sea en la Atenas democrática de antaño, en la Revolución de 1.789, en la Alemania de Weimar o en los Estados Unidos de Roosveelt.

Ese, en cierto modo, viene siempre a ser la “salida” final de la crisis. Pero dicha “salida” no es sino una etapa más en el proceso dialéctico hegeliano que viene de muy lejos ya; ese que dice “tesis, hipótesis, antítesis” ó “problema, reacción, solución”. Proceso que algunos conocen perfectamente y aprovechan para su beneficio.

El hecho es que la crisis actual no tiene salida plausible de manera tranquila. Alguien tiene que pagar la factura de la fiesta. Una fiesta, en este caso, muy grande la que ha habido en Occidente y el mundo avanzado, en general.

¿Quién va a ser ese alguien?

Los ahorradores, en cualquiera de sus formas.

Pero un proceso de confiscación masiva nunca suele ocurrir sin que hayan consecuencias políticas graves, o, digamos, más bien, causas. Pues al fin y al cabo, las confiscaciones tienen también sus causas, las cuales son algo complejas de entender.

Pero nos bastaría con entrever que las mismas siguen una especie de guión tipo: pobreza-austeridad-ahorro, luego, por ese ahorro, riqueza-despilfarro-socialismo, y finalmente, dictadura, la cual, tras expropiar a los ahorradores que quedan, incluso los culpa de todos los males obvios que azotan a la sociedad. Pero, lo triste del asunto, es que esos males son consecuencia de que ya no hay ahorradores.

Como diría Margaret Tatcher, “el socialismo se acaba cuando se acaba el dinero de los demás”.

Desgraciadamente, aún no hemos entrado en el momento verdaderamente socialista del proceso, al menos en Occidente.

Aquí, las masas están embobadas gastando el tiempo en cosas ridículas, la mayoría sin el más mínimo sentido, cosas que hacen “felices” a la gente, pero que van provocando, por decirlo de alguna manera, un consumo de capital constante en la sociedad que al final se paga con un “reset” y pobreza más o menos generalizada, pues siempre habrá algunos que prosperan en dichos ambientes.

Cosas de la vida.

El proceso de las últimas décadas, con una construcción absolutamente demencial de unos estados mastodónticos y programas sociales por las cosas absolutamente más ridículas ha llegado a un límite tal, que solo es cuestión de tiempo que reviente la burbuja.

El problema, es que cuando eso ocurra, y lo llevo diciendo bastante tiempo, es que las masas no van a adoptar un comportamiento con “sentido común”, sino van a adoptar el “racional”, el “programado”, el mismo que dice que va a haber una estatalización (aún más que ahora, que ya es decir) brutal de la sociedad. Estatalización que vendrá acompañada de confiscaciones generalizadas.

Pero, ¿Cómo serán esas confiscaciones?

Como ha dicho Marc Faber, recientemente, “no creo que en la próxima gran crisis te puedas esconder ni siquiera en oro”. Que no es sino otra manera de decir, las cosas se van a poner tan feas, que incluso teniendo oro, van a ir a por ti; el Estado, se entiende.

Algo similar a lo que ocurrió en la Gran Depresión americana con la confiscación encubierta de Roosvel, cuando devaluó el oro de 15 a 35 USD después de haberlo requisado a sus propios ciudadanos. Y eso pasó en los EEUU, el supuesto defensor del capitalismo.

Que no pasará en otros sitios.

En los años venideros llegará un momento en el que habrá un mercado bajista absolutamente descomunal.

Será de una brutalidad tan grande que los gobiernos empezarán a tomar medidas desesperadas, como siempre echando la culpa a “especuladores” y todo tipo de fantasmas.

Durante el mismo, y sobre todo después, habrá un crecimiento masivo de las posiciones radicales en las políticas nacionales; posiciones que serán socialistas independientemente si son de “derechas” o “izquierdas”.

Las bases, ya están perfectamente construidas, solo hay que ver el panorama en países como España, Italia, Francia o Grecia.

Durante esos procesos podremos ver varios tipos de confiscaciones, las cuales serán diferentes en unos países u otros, dependiendo del camino que escojan:

  1. Confiscación directa general y conversión a una especie de comunismo al que disfrazarán con algún nombre que incluya lo “social”, “democracia” o algo así, para que quede bien de cara a la opinión pública.
  2. Confiscación masiva vía incrementos de regulaciones e impuestos de todo tipo, los cuales serán, en muchos casos, confiscatorios, produciéndose algo parecido al final del Imperio Romano, en el cual, finalmente, muchos pequeños propietarios entregaban sus propiedades al Estado por imposibilidad de pagar las tasas. Algo similar a lo que ocurre en Detroit hoy en día.
  3. Confiscación en forma de hiperdeflación, quiebras, devaluación masiva o hiperinflación, en la cual todos los activos de papel, incluidos los depósitos, acciones, bonos, etcétera, pierden casi todo su valor. De esa manera, el Estado termina con el proceso expropiador, sin ni siquiera ser considerado “culpable”. Los dedos acusadores serán dirigidos al “mercado”. “Problema, acción, solución”. Después de esto, algunas sociedades irán al punto 1 o 2.

Quedándoseme atrás, otros tipos de confiscación más o menos evidente, esos son los principales.

Aunque la gente pueda considerar esto como un escenario de ciencia ficción, es algo que está mucho más cerca de lo que parece.

No sé si esa crisis será la final de la Era Capitalista, o si habrá que esperar a otra ronda del ciclo de Kondratiev, unos 80/90 años. Pero no es descartable que presenciemos el momento final del ciclo grande. Aquel que empezó hace muchos siglos con el comienzo del Capitalismo y la Democracia.

Como también dijo Marc Faber en una de sus entrevistas más recientes: “Estaré muy contento si solo me quitan el 30% de mis activos”.

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