El camino hacia la productividad de la deuda negativa

¿Qué ocurre cuando alguien pide más y más dinero prestado a lo largo del tiempo?

Pues que cada vez debe más dinero.

¿Qué ocurre si en vez de pagar lo que debe pide más dinero extra?

Pues que cada vez debe más dinero.

Ese es el camino que ha escogido el mundo avanzado en los últimos 50 años. Pedir prestado sobre prestado sobre prestado.

Al principio todo parecía ir bien, de hecho muy bien. La economía estaba saneada, había poca deuda y los gobiernos, siendo ya bastante grandes, eran manejables.

¿Qué es lo que ocurrió?

Pues que las sociedades avanzadas empezaron a endeudarse poco a poco mediante déficits interminables. Cosa que han estado haciendo todas las economías avanzadas de Occidente y Oriente sin excepción.

Al principio ocurría que por cada kilotón de deuda que creaban esas sociedades y economías el famoso PIB crecía incluso más que dicho aumento de deuda.

Lo que se llama la productividad marginal de la deuda era positivo. Valía la pena endeudarse, o al menos eso parecía. El problema es más complejo que ese supuesto “crecimiento”, no obstante.

Recordemos que los keynesianos adoran al PIB porque este mide la “producción” anual de un país e incluye el gasto gubernamental. Es más, los keynesianos y demás seguidores de todas las ramas socialistas piensan que ese gasto es una inversión. “Inversión” en educación, en gastos sociales, en carreteras (a ningún lado), etcétera. Pero da igual lo que los keynesianos y adoradores del sistema piensan. Eso no es bajo ninguna manera inversión, sino despilfarro puro y duro.

Por tanto, toda esa “producción” y “crecimiento” tampoco fue tanta como se pensaba. Buena parte del crecimiento de la producción inicial era genuino pero otra parte no, sino que se iba por la alcantarilla y a engrosar el pasivo de la sociedad.

Ese pasivo no ha ido sino creciendo de manera constante en las últimas décadas.

El problema de los últimos años es que el crecimiento del PIB se va haciendo cada vez menor y el crecimiento de la deuda cada vez mayor. De esta manera tenemos una situación en la que ya hemos llegado, o estamos a punto de llegar al punto en el que mayores niveles de deuda no añaden PIB sino que lo restan. Es decir, entramos en la fase de la productividad negativa de la deuda, fase final o fase “jaque mate”.

Hace tiempo que ya no tiene sentido seguir endeudándose y con políticas de déficits eternos. Pero en la democracia parlamentaria moderna eso importa bien poco. Los electores nunca van a elegir el camino de la austeridad por un periodo de tiempo.

 

Democracia y productividad marginal de la deuda

 

La democracia funciona de una manera en la que políticas austeras son totalmente prohibidas de ganar unas elecciones de manera que vayan más allá de un mandato. El camino de dicho sistema es a una degradación progresiva de la capitalización de la economía, o lo que es lo mismo: al crecimiento ineludible del Estado.

Eso es lo que significa la construcción de esta montaña fabulosa de deuda.

Como dije antes, hubo un momento en el que lo sensato habría sido parar de endeudarse y pagar lo que se debía. Pongamos, a principios de los 2000.

Para ello hubiera hecho falta admitir que parte del nivel de vida creado en las dos décadas anteriores no era real, es decir, estaba basado en dinero prestado (y que aún no se había pagado).

Para arreglar eso hubiera hecho falta un partido político mandando durante al menos cuatro años y rodando superávits del 20% durante los mismos, pagando la mayor parte de la deuda contraída.

¿Qué haría falta para conseguir eso?

Pues reducir el tamaño del Estado del Bienestar en un 40% en aquel momento.

¿Ganaría algún partido unas elecciones en las democracias actuales proponiendo esa solución?

Jamás.

¿La solución adoptada, y por otra parte lógica con el sistema democrático-igualitario?

Endeudarse más.

Es más, como el nivel de deuda empezaba a ser ya pesado, el nivel de endeudamiento incluso se aceleró para intentar dar más fuerza al crecimiento del PIB. Crecimiento que ha ido menguando cada vez más con los años, y que como comprobaremos, va a dar una ligera sorpresa en los años venideros.

fed PIB Deuda

 

Vamos, que básicamente todo el crecimiento del PIB de los últimos 15 años ha sido debido al aumento de la deuda.

El mundo avanzado no tiene un “PIB” un 60% mayor que en el año 2000. Lo que ocurre al contrario es que esas naciones deben un 70% más.

De hecho, en los años que van desde el 2000, el PIB de los Estados Unidos ha crecido un 76% aproximado, mientras que la deuda federal lo ha hecho en un 214%. Ahí es nada. Algo similar ha pasado en Europa, o incluso me aventuraría a decir que peor.

Los datos dan tanto miedo que dese el 2008, la deuda de los Estados Unidos ha crecido a un ritmo de más del 10% anual. Visto así, y mirando el gráfico en esos años diríamos que estamos entrando en la fase parabólica y final de la burbuja.

Es decir, en los últimos 15 años se ha estado creando más deuda que “crecimiento”, sea lo que sea lo que esto signifique para los keynesianos.

La productividad marginal de la deuda, por tanto, ha estado por debajo de 1. En teoría un dólar nuevo de deuda no ha creado menos de un dólar nuevo de PIB. Cualquiera con un poco de sentido común entendería que seguir así no tiene más sentido.

Desgraciadamente, las democracias y los resortes que las dirigen no tienen mucho sentido común, sino que se comportan como masas enloquecidas buscando el beneficio a corto plazo.

Después de todo, de eso es de lo que trata este sistema: “short-term gain and long-term pain”

Todo el mundo se une en la loca carrera por intentar beneficiarse del sistema antes que los demás.

Da la sensación de que si no lo haces tú lo harán otros.

No hay marcha atrás.

El sistema es como un tren que va a toda velocidad y sin frenos que acabará por salirse del carril de manera catastrófica.

Como nos lo fue recordando constantemente Antal Fekete en sus artículos, en el 2008, esa productividad alcanzó un punto negativo de manera al menos temporal.

Aunque no lo parezca, la productividad marginal de la deuda tiene una tendencia decreciente desde incluso las décadas de los años 50 del Siglo XX. Hoy en día dicha tendencia se aproxima al 0, o sea al punto final del "camino".
Aunque no lo parezca, la productividad marginal de la deuda tiene una tendencia decreciente desde incluso las décadas de los años 50 del Siglo XX. Hoy en día dicha tendencia se aproxima al 0, o sea al punto final del «camino».

La tendencia a cero de ese ratio de productividad marginal de la deuda está llegando a su límite y poco a poco iremos viendo como añadir más deuda no va a servir para crecer más, sino que al contrario, se va a producir una contracción terriblemente severa de la economía.

Los economistas pierden el tiempo alegando sobre causas y efectos económicos y sobre culpables en la FED o el BCE o Alemania o este o el otro, cuando la realidad es que la enfermedad que realmente afecta a la sociedad es algo mucho más profundo. Es decir, el virus causante de esa decreciente productividad marginal de la deuda, del crecimiento de la deuda global, del cada vez menor crecimiento del PIB, y de muchas otras cosas más, no es otro que el sistema que impera en el mundo avanzado: la democracia.

La democracia funciona muy bien en los primeros estadios de la misma, cuando hay mucho capital por consumir.

Una vez pasa el tiempo suficiente, se sienten los efectos creados por decenas de elecciones y partidos creadores de “déficits eternos”.

Finalmente, se llega a una situación en la que no es posible seguir rodando déficits y se ha de reconocer que no se puede pagar lo que se debe, y no solo a “Alemania” o “Japón”, sino a los gigantescos estados del bienestar de toda la sociedad, los cuales son, también, insostenibles, digan lo que digan. E incrementar el peso del Estado al 100% de las economías no hará incrementar dichos estados del bienestar, como piensan muchos, sino que de hecho, los hará disminuir dramáticamente. Más que nada, porque ya no quedará más capital que consumir.

Ya saben, como decía aquella mujer conocida, “el socialismo deja de funcionar cuando se acaba el dinero de los demás”.

Lo que no dijo la Thatcher es que la democracia es otra forma de socialismo suave que a la larga se acaba quedando sin dinero, o dicho de otra manera, acaba con una productividad marginal de la deuda negativa.