El eterno colapso de Argentina

Hubo una época en la que Argentina era uno de los países más ricos del mundo. Allá por aquellos años de principios del Siglo XX, se codeaba con los Estados Unidos, Bélgica, Suiza, Gran Bretaña y Alemania en términos de renta per cápita. Tan bueno era emigrara al gigante de Norteamérica como hacerlo a Argentina. Se iba a cobrar más o menos lo mismo. Las oportunidades de negocio eran iguales, sobre todo para los individuos, los cuales podrían crear un negocio próspero relativamente fácil y con algo de ahorro. La era más capitalista de la historia Argentina.

Todo eso se derrumbó a medida que se entró en el Siglo XX y no hace sino empeorarse con este Siglo XXI, siendo el país, uno de los más grandes del mundo y con mayores y mejores recursos naturales, un auténtico espectáculo de quiebras y corrupciones estatales.

¿Quién no recuerda el Corralito y el cacerolazo?

Pues bien, una década después de aquel colapso, tenemos otro nuevo en marcha, tan grande o incluso superior a aquel, cuyo resultado veremos finalmente cuando termine por estallar, destino al que va a toda mecha.

Solo hace falta ver el gráfico de la Bolsa argentina o el peso para darse cuenta de que se está entrando en la fase parabólica del final de “algo”.

 

Las grandes subidas en Bolsa no tienen porqué ser equivalentes a progreso económico. Prácticamente nadie piensa en emigrar a Argentina hoy día, salgo algunos argentinos que están en otros países
Las grandes subidas en Bolsa no tienen porqué ser equivalentes a progreso económico. Prácticamente nadie piensa en emigrar a Argentina hoy día, salgo algunos argentinos que están en otros países

Gráficos, cortesía de Tradingeconomics

 

El colapso del peso es de tal magnitud en los últimos años que solo es superado por el de su primo hermano el bolívar.

De hecho, ambas economías bananeras tienen bastantes cosas en común, como la existencia de dólares “paralelos”, que son los que se negocian en el mercado negro, porque al igual que en Venezuela, el grueso de los Argentinos no tienen acceso al dólar oficial, el cual se intercambia entre un 30 y un 100% por debajo del paralelo, dependiendo de cómo vaya la cosa (por el momento).

De esta manera, tenemos que actualmente los burócratas del gobierno y las multinacionales que hacen negocios con estos, pueden comprar esos dólares con 8,94 pesos, mientras que en la calle los ciudadanos y las pequeñas empresas han de pagar 12,50.

Al igual que en Venezuela, las oportunidades de arbitraje y negocios nauseabundos de corrupción son evidentes. Grandes fortunas se estarán edificando con este arbitraje escandaloso por parte de aquellos que tienen el privilegio de acceder al mercado oficial. Aunque el asunto no se ha disparatado tanto como en la República hermana del Caribe, donde el “spread” o posibilidad de “arbitraje” es ya una auténtica barbaridad. Una quimera solo propia de regímenes y dictaduras socialistas.

Como es obvio, los paralelos no acaban ahí. Ambos gobiernos, de corte claramente socialista y “anti-imperialista”, son declarados creyentes en el “avance social” y en la redistribución y regulaciones en la economía.

Como buenos gobiernos intervencionistas-socialistas han adoptado una de las políticas favoritas de estos para la economía: los controles de precios.

Digamos que Argentina lleva la mayor parte de los años desde 1930 con controles de precios más o menos numerosos en su economía. Después de todo, solo con entender esto, se puede ver más o menos por qué este país ha sido uno de los mayores fracasos económicos del Siglo XX. Partiendo en 1900 con el doble de renta per cápita que Italia y terminando el mismo con la mitad. Y eso que Italia sufrió dos guerras mundiales y, además, tampoco es que sea el país modelo desde un punto de vista económico.

Estos controles de precios siempre han variado a más y menos, dependiendo de la fase del ciclo.

En los últimos años de gobierno nacionalista-izuierdista-populista-peronista-bananero (no se sabe muy bien qué término va mejor con este gobierno, pero el de socialista-intervencionista bastaría para resumirlo todo mejor), hemos tenido un repunte masivo en estos controles masivos de precios, hasta tal punto que hoy en día varios centenares de los productos más básicos de la economía están “controlados”.

De hecho, podemos ver como los mismos no hacen sino aumentar exponencialmente con el tiempo con una de las últimas hornadas en abril de este año, cuando el gobierno decidió ampliar aún más el número de productos en su programa de “Precios cuidados” (la verdad es que tiene gracia el nombre).

Lo curioso del tema es, como siempre, que justo cuando el gobierno decide incrementar sus cuotas de controles de precios, allá por 2013 y 2014, se acelera sobremanera el colapso del peso y de la economía argentina.

 

Si los controles de precios son para detener los incrementos de los mismos, ¿Para que usarlos, si después de ello los precios aumentan aún más?
Si los controles de precios son para detener los incrementos de los mismos, ¿Para que usarlos, si después de ello los precios aumentan aún más?

 

Como siempre, y como buenos socialistas, echan la culpa a los empresarios, capitalistas, etcétera.

Pero el hecho queda ahí: a mayores controles de precios, más disparatada la inflación.

¿Cuántos controles de precios han hecho los suizos en los últimos 40 años?

¿Creen ustedes que Suiza y su divisa han sido inestables durante esos años?

Parece ser que la correlación es bastante clara. A mayores controles de precios, mayor inestabilidad económica e inflación, ya sea en Zimbabue, Venezuela, Argentina o Irán.

Lo curioso del asunto es que dichas políticas siempre suelen tener el beneplácito de una mayoría de las masas electoras o que “apoyan” a los dirigentes de esos países.

De hecho, una de las razones por las que esos controles de precios son introducidos es porque son “populares”. Y ya sabemos que en la actualidad lo “popular” manda y cada vez más.

El ejemplo de Argentina nos da una señal de alarma de lo que puede suceder aquí en España y Europa en un futuro.

Más incluso que con Venezuela, el caso argentino es bastante más parecido, salvando las distancias, a el caso que tenemos hoy en día en Europa.

Los años previos al 2002, el peso estuvo “atado” al dólar americano, tal y como lo están las economías (de corte social cada vez más bananero) del Sur de Europa con las del Norte (dracma, lira y peseta con respecto al marco).

Evidentemente, dicha cotización paralela es una ficción en un mundo en el que tienes a unas economías como la argentina o las del Sur de Europa, viviendo con unas expectativas que no son reales y endeudándose como si fueran estadounidenses y alemanes, cuando no lo son.

El resultado de aquella distorsión masiva en el caso argentino fue un colapso monumental, el famoso Corralito, tras el cual el peso colapsó un 75% en pocos meses, o dicho de otra manera, el dólar se apreció un 300% con respecto al peso.

 

Los años posteriores al corralito vieron un gran mercado alcista, consecuencia de la libre fluctuación del peso, y de la coyuntura favorable internacional.
Los años posteriores al corralito vieron un gran mercado alcista, consecuencia de la libre fluctuación del peso, y de la coyuntura favorable internacional.

 

Aquel colapso tuvo lugar después de enormes fuerzas deflacionarias con la economía argentina (justo como España y Grecia los últimos años), las cuales habían hecho colapsar la Bolsa un 70%.

Dadas aquellas circunstancias, vino el colapso monetario y una posterior revalorización de la Bolsa en términos nominales, por supuesto. En reales, el asunto era diferente.

Pero, a pesar de lo que se podía esperar, luego de aquella primera “recuperación” bursátil, vino otro mercado bajista terrible del 40%.

Las presiones inflacionarias no pudieron tomar el control tan rápidamente como se esperaba.

Aquellos años desde 1997 hasta el 2002 fueron un colapso deflacionario en toda regla. El número de emigrantes argentinos tuvo que abandonar su país, pues aquello era un acabose. Las quiebras de pequeños negocios y la expoliación del ahorro fue general.

Pero, ¿Cuál fue el resultado de aquel colapso deflacionario inicial?

Pues, curiosamente, las masas en vez de elegir a líderes políticos menos corruptos, es decir, menos socialistas, eligieron a políticos de lo más execrables, como la misma Cristina, digna sucesora de la peor corrupción argentina.

El resultado de tener una moneda “libre” (1) es que, después de unos años ligeramente favorables a las cuentas nacionales, con el gran mercado alcista de las materias primas mundial, Kirchner se embarcó en políticas totalmente destructivas de la economía nacional, con controles de precios y regulaciones masivas que lo único que hacen es colaborar aún más al colapso “inflacionario” que vive el país, el cual no hace sino acelerarse de manera exponencial desde el 2013.

Esto no va a  acabar bien, evidentemente.

O bien se termina con la locura intervencionista a tiempo, o acabarán teniendo un colapso monetario total, el cual volverá a servir para expoliar definitivamente a lo poco que quede de los ahorradores argentinos.

Siguiendo el paralelo argentino, lo lógico es que en Europa viviéramos algún tipo de colapso deflacionario, tras el cual las políticas bananeras de controles de precios podrían tener cabida nuevamente en el continente europeo. Políticas hace tanto tiempo no vistas por aquí. Y es precisamente eso, el que hace mucho tiempo que no se ven por estos lares, lo que hace que las masas de aquí ni se acuerden de lo que son. Por eso, no sería de extrañar, que luego de un colapso deflacionario en Europa, las masas apoyaran líderes con ansias más regulatorias; y bien podríamos acabar a la argentina o venezolana, en medio del mayor caos económico y social (2).

“Caos planificado”, como diría Mises.

 

  1. Aunque no tan libre, si tenemos en cuenta que la misma no se comercia en los mercados de divisas mundiales, como sí hace el peso mexicano, por ejemplo. Cosa que hará orgullosa al gobierno argentino, por no “tomar parte del círculo especulador mundial”. Sin embargo, tenemos que la divisa argentina es una de las divisas más patéticas del mundo, la cual, a pesar de estar libre de los mercados de Forex avanzados, impone controles de divisa y capital a sus propios ciudadanos en medio de una inflación atroz. ¿Qué clase de divisa es esa? ¿Ahorrará alguien en ese esperpento?
  2. Eso sí, el número de implantes y siliconas no ha hecho más que aumentar en Venezuela. Si es que al final, no hay nada mejor que el socialismo para producir mentes materialistas.