El Siglo XXI y el final de la prosperidad

La mayoría de la gente cree en el sueño keynesiano y en el hecho de que Occidente y el mundo avanzado (incluyendo parte de Asia) es rico por el hecho de haber adoptado la democracia y, sobre todo, cada vez mayores políticas sociales.

Dicha mentalidad no es sino fruto de una interpretación errónea de cómo funciona la realidad. Deformaciones, por decirlo de alguna manera, infantiles de cómo funcionan las cosas en este mundo material regido por las leyes de la ciclología.

Por ejemplo, la gran mayoría de las personas cree que en el Siglo XIX la gente era más pobre y vivía menos porque no había “Estado del bienestar” y porque los “brutos” de antaño no habían implementado la receta contra todos los males: las políticas sociales.

Fin de la prosperidad

Según las masas, es por la adopción del Estado del bienestar, que hoy en día la esperanza de vida este cerca de los 80 años, y que vivamos en una aparente abundancia, donde la mayor preocupación (1) de la mayoría de la gente que tiene trabajo en Europa es a dónde se va a ir de viaje en las siguientes vacaciones.

Y no es que viajar sea malo per se. No estamos hablando aquí de eso, sino de la mentalidad subyacente en las masas del mundo avanzado, la cual es más keynesiana que nunca.

La solución que más o menos van proponiendo las masas a esta crisis de principio de siglo, no es sino un enrocamiento aún mayor su creencia de que el Estado y/o las Administraciones Públicas son la salida al problema.

El error, lógicamente, es no ver que el problema es precisamente el Estado y el tamaño gigantesco que ha adquirido este en los últimos 50 años.

Crecimiento similar al de un parásito en un cuerpo en las últimas fases de la descomposición del mismo, es decir, exponencial.

La realidad es otra bien distinta.

La realidad es que el mundo avanzado era “pobre” (2) en el Siglo XIX porque aún estaba en la época de acumulación de capital. Acumulación que solo puede tener en medio de sociedades con un Estado pequeño.

En aquellos años, y en ausencia casi total de impuestos y regulaciones, los europeos vivían un mundo más real.

Eran más pobres, sí; tenían menos comodidades, sí; pero es por eso que aquellos hombres y mujeres de antaño pusieron las bases para la creación del sistema de producción más eficiente de la historia.

Fueron esas masas del Siglo XIX, las que con su esfuerzo y su ahorro, crearon las bases del gran tejido industrial y productivo que dio la prosperidad más tarde en el Siglo XX.

Esto es algo como la Bolsa y las empresas.

Todas pasan las fases de nacimiento, crecimiento, madurez y muerte.

Digamos que en el Siglo XIX Occidente estaba en la fase de crecimiento, el equivalente a Microsoft en los ochenta y noventa.

En el Siglo XX tardío y en el XXI, más aún, ya nos encontramos en la fase de madurez, cuando todos los frutos del pasado son madurados y todo el ahorro anterior es, por decirlo así, consumido.

Ahí es donde nos encontramos hoy: en la fase final de una civilización y la prosperidad que la misma creó antaño.

Es decir, el nivel de vida de hoy en día en Occidente no es fruto de las políticas sociales y del Estado del Bienestar. Es al revés.

El Estado del Bienestar y las políticas sociales son consecuencia del fabuloso crecimiento económico fruto de la acumulación de capital y ahorro de los siglos XVIII, XIX y parte del XX.

Dicho de otra manera, nuestros “abuelos” ahorraron y nos dejaron un mundo lleno de fábricas, empresas, edificios e infraestructuras, nuestros “padres” se hicieron inmensamente ricos con tal herencia y empezaron a crear los “estados del bienestar”, habiendo disfrutado del fruto del ahorro anterior; y ahora, nosotros, los “hijos”, terminamos por dilapidar lo último que queda del ahorro inicial en nuestra falaz creencia de que lo que hicieron nuestros “padres”, es decir, sentar las bases de la adoración al Estado, es lo correcto.

Occidente y la parodia del socialismo

Esto es tan contra intuitivo que la mayoría de los que lean esto no creerán ni una palabra de lo dicho aquí. Tal es la predisposición de la mentalidad en la era moderna.

Tal y como nos dijo René Guénon, dicha mentalidad no es sino el fruto de una parodia.

Eso es en lo que se ha convertido hoy en día la realidad en Occidente, en una parodia, donde los estados y aquellos que los apoyan, entre otros, los bancos centrales, por ejemplo, nos llevan a un desastre anunciado, en medio de la corrupción más atroz.

Aunque las masas piensen que cada vez vivimos en un mayor capitalismo – el cual dejó de existir a principios del Siglo XX – la verdad es que la fase final de esta civilización será en forma de dictadura totalitaria, donde el Estado nos controle hasta el último de los actos.

El vicio, la corrupción, la delincuencia y la mentira reinarán libres.

Aunque esto último es algo que ya estamos experimentando ya, en cierto modo.

Será en ese momento, cuando algunas personas “dormidas” (3) despierten y se den cuenta de que la sociedad en la que viven no es más que una parodia o “el mundo al revés”.

Abre una cuenta de práctica sin riesgo con el mejor broker de Forex en el mercado hispanohablante

El 83% de los clientes pierden dinero cuando hacen trading con este proveedor. Los CFDs son instrumentos complejos y tienen un alto riesgo de perder rápidamente el dinero debido al apalancamiento. Debe considerar si comprende los CFDs y si puede permitirse el alto riesgo de perder su dinero

  1. En España, el paro ha ganado algo de terreno a esta “preocupación” últimamente, como es obvio. No obstante, la mayor parte de los que tienen trabajos “fijos”, funcionarios, jubilados y perceptores de ayudas, siguen viviendo en el mundo de las “vacaciones y los viajes”.
  2. A pesar del hecho de que en aquella época un hombre sano con trabajo, en sociedades donde no existía el desempleo – el cual solo llegó a Occidente con la implantación de las políticas sociales – podía mantener a una familia de cinco hijos. La sociedad no era tan “pobre” como parece, ya por el Siglo XIX.
  3. Muchos de los que viven en el sueño de la caverna de Platón acabarán por despertar, aunque será un poco tarde ya.