el tipo de cambio de divisas al invertir en acciones a largo plazo

Cuando compramos una acción de un país extranjero suele ser en una divisa diferente a la nuestra, salvo que sea de la zona euro.

En el trading a corto plazo, la pertenencia a esa divisa no será de gran importancia.

Si compramos una acción y la vendemos dentro de un mes no suele haber problemas con los tipos de cambio, aunque si se da un crash en la divisa puede que lo que a veces pensamos que es una ganancia sea una pérdida.

Lo normal en el trading es que no prestemos atención a estas cosas.

En la mayor parte de los casos, los cambios en las divisas a corto plazo no afectarán a nuestra estrategia de una manera decisiva, y en otras ocasiones los efectos se compensarán unos con otros en la medida que cabe.

Ejemplo del efecto del Forex en la inversión en Bolsa

Por ejemplo, pudo darse el caso que algún inversor español que comprase acciones americanas en el 2002 y las vendió en el 2004 habría perdido bastante dinero a pesar de que el SP500 se mantuvo a un precio similar entre esos años.

De hecho, hubiera sido una inversión desastrosa, pues el euro se apreció cerca de un 35%.

Es decir, ese inversor hubiera perdido eso menos los dividendos recibidos.

Pero no debemos sacar conclusiones precipitadas de este ejemplo, pues hemos puesto un caso de dos años.

Diferente sería de haber mirado un horizonte de tiempo más grande.

No debemos dejarnos llevar por las emociones del “corto plazo”. Y es que cuando hablamos de inversión a largo plazo, dos años no son nada.

 

En el periodo entre enero del 2002 y diciembre del 2003, el SP incluso cotizaba con un 3% de descuento. Como vemos, la subida del euro en ese periodo fue meteórica.
En el periodo entre enero del 2002 y diciembre del 2003, el SP incluso cotizaba con un 3% de descuento. Como vemos, la subida del euro en ese periodo fue meteórica.

Como vemos, incluso en divisas mayores tan fuertes y supuestamente estables como el euro y el dólar, podemos vernos afectados seriamente por las inversiones en los mercados de acciones de los distintos países o continentes.

¿Qué ocurrirá entonces con las divisas más débiles?

Pues, que podemos esperar desajustes incluso mayores, sobre todo en las divisas de los países emergentes y más inestables.

No obstante, se suele dar una circunstancia: cuando una divisa de deprecia mucho, normalmente la Bolsa de ese país suele subir mucho más que la del país con la divisa fuerte.

¿Debemos cubrirnos el riesgo de divisa a la hora de invertir en el extranjero?

La verdad es que no es algo que crea que debamos hacer, pues estar realizando posiciones de cobertura de divisa también nos trae unos costes extra.

Cuando invertimos en acciones extranjeras debemos hacerlo con una visión a largo plazo y pensando en el escenario macro de la operación.

Como dije antes, si compramos acciones de empresas de Brasil y el real se deprecia un 50% en los próximos 10 años con el euro, lo más normal es que en ese periodo tan grande, la Bolsa brasileña tenga retornos superiores al a europea, además de mayores dividendos. Aunque esto no tenga por qué ser así siempre.

Puede que la inversión salga mal después de todo, pero esto es algo que nos puede pasar también en casa.

Por lo general, comprar acciones en el extranjero nos dará oportunidades y amenazas. Amenazas si ese país se convierte en un régimen totalitario y nuestras inversiones pierden casi todo o todo el valor. Y oportunidades por si es nuestro país el que adopta políticas destructivas y las acciones y activos de nuestro país se desploman.

Todo tiene su cara positiva y negativa.

Lo principal para evitar este tipo de problemas de estar expuestos a un país, incluso el nuestro, es la diversificación.

Y es ahí la respuesta que queríamos desde el principio.

Diversificación en acciones extranjeras

Una buena política de diversificación no debería tener en cuenta solo acciones de diferentes sectores del panorama nacional, sino también del internacional.

Con ello no solo nos estaríamos cubriendo contra el riesgo de estar expuestos a un solo sector o valor individual, sino también a un solo país o divisa. Nunca se sabe lo que puede pasar.

Miren Venezuela por ejemplo. Hace veinte años, el dinero valía en Venezuela.

El que tenía dinero ahorrado podía contar con el mismo como se cuenta en España. Los sueldos no estaban tan lejos de los españoles.

Una familia de clase media podía tener el equivalente a 100.000 o 200.000 euros ahorrados y, ¿Por qué no? Invertidos en acciones.

Si esa familia hubiera tenido la mitad o más de 200.000 “euros” (bolívares de la época) invertidos en acciones europeas y de los Estados Unidos y bonos extranjeros, hubiera salvado buena parte de su capital, y lo que es más, habría tenido algo con lo que escapar del país con algo en el bolsillo.

El que tuvo el 100% de la inversión en bonos y empresas venezolanas comprobó como la misma se evaporó a “cero”, ya que buena parte de las empresas del país han sido confiscadas.

Pero sin ponernos tan dramáticos.

El quid de la cuestión es que usar una estrategia de inversión con acciones extranjeras diversificada, por ejemplo, con acciones de los Estados Unidos, China, Brasil, Canadá, Australia, Japón, Singapur, etcétera, nos podría dar un gran dinamismo a nuestra cartera y ahorros.

Cierto que algunos de esos países tendrían comportamientos peores y otros mejores, pero al final trataríamos de compensar.

Y esa manera de diversificar esa inversión requiere de no intentar cubrir el riesgo de divisa inicial, pues de lo que se trata en realidad es de diversificar mediante la inversión con “riesgo” divisa.

Aquí, la palabra riesgo puede tener un significado contrario, según el prisma con el que miremos el asunto.

El riesgo bien puede ser estar el 100% expuesto a los activos de una economía, como puede ser la española.

Por tanto, intentar cubrirnos del “riesgo” divisa no solo puede ser contraproducente, sino también ineficiente de cara a la búsqueda de la diversificación de una cartera.

Cuando invertimos en un valor, tanto nacional como extranjero, lo hacemos porque nos gusta el activo, porque vemos “valor” en el mismo o en su economía. Porque vemos futuro. Si así es y la decisión está bien meditada, no debemos preocuparnos demasiado por las fluctuaciones de las divisas en periodos de más de diez años, que son los periodos que tenemos que tener en cuenta para la inversión.

Al final, dichas fluctuaciones y los precios de las acciones se compensarán unos con otros de alguna manera, sobre todo si la cartera invertida está lo bastante diversificada en diferentes países.

Lo importante es, pues, escoger buenas acciones, comprarlas a precios interesantes, y diversificar.

El resto, vendrá por sí solo.