Estrategia de cartera de acciones de un índice a mantener a largo plazo

Esta entrada va relacionada con la que acabo de escribir sobre las críticas vertidas a la estrategia de inversión en índices debido al hecho de añadir acciones “caras” y sacarlas cuando están más “baratas”, en lo que parecería una mala estrategia de inversión.

Como bien expliqué, no todo es tan sencillo como parece a primera vista, ya que al mismo tiempo que hay acciones malas que tienen ese comportamiento y que dañan mucho una cartera de inversión en índice, también están esas acciones ganadoras que “nunca” salen del índice y que son las que producen las grandes ganancias a largo plazo.

La estrategia de inversión en índices, por tanto, es una especie de estrategia que compraría las acciones que están subiendo y vendería las que más bajan, con una tendencia a largo plazo a quedarse con aquellas empresas que consiguen el mayor tamaño de mercado.

Cartera acciones largo plazo

Por eso los índices se llaman como se llaman, porque tienen a las 30, 35, 100 o 500 acciones principales de un país o sector, y esas acciones no están ahí por casualidad.

Unas fallan a medio camino y dejan de ser parte de ese grupo, pero otras suben y suben hasta convertirse en las “reinas” como Apple.

En este caso voy a hablar brevemente de un estudio muy interesante que se hizo sobre una alternativa de inversión a la de índices por capitalización.

Esta estrategia es de las más pasivas que podamos encontrar por ahí, pues simplemente tendríamos que comprar las 500 acciones del SP500 actual y mantenerlas en los próximos años y décadas, truene o llueve, sin llevar a cabo cambios en cartera.

¿Ventajas de la inversión pasiva sobre el cambio de valores en cartera?

El estudio es titulado “The Long-term Returns on the Original S&P 500 Firms” y fue escrito por Jeremy J. Siegel y Jeremy D. Schwartz.

La tesis del estudio radica en la crítica a que las entradas y salidas constantes del SP500, unas veinte al año, suponen una merma que se va notando cada año, y que resulta del hecho de que una parte significativa de esas inclusiones se producen a unas valoraciones poco atractivas para tener buenos rendimientos a largo plazo. Y en esto que dicen, hay mucha verdad.

Buena parte de las nuevas incorporaciones lo son por el hecho de que han crecido mucho, y en el momento de entrar, ya suponen acciones que estamos comprando a un precio “caro”.

Unas se quedarán en el índice para siempre, como Microsoft, Apple o Google, y otras acabarán en el cubo de la basura.

Los autores del estudio encontraron que una estrategia de “Buy and hold” de los valores originales del índice en 1957 hasta el año 2003, habría batido al mismo en más de un punto porcentual, cifra, que sin ser abrumadora, es significativa en este mundo de la inversión a largo plazo.

La tesis principal es la que ya nombré: la sobrevaloración de buena parte de las entradas en el sector, que siempre acaba por comprar en “máximos”.

Una de las cosas curiosas del estudio es que las empresas petrolíferas fueron las que mayor contribución tuvieron en la mayor ganancia de dicha estrategia sobre la clásica del índice.

Aunque aquí tengo que decir una cosa, antes de continuar.

No debemos olvidar el periodo en el que comenzó el estudio, en 1957.

Dicho periodo fue el precedente al mayor mercado alcista de materias primas de la historia, en el llamado “verano de Kondratiev”, que tuvo lugar, sobre todo, en la década de los setenta de ese siglo.

En esa década el retorno de las acciones normales fue bastante malo, pero el de las acciones relacionadas con las materias primas fue totalmente abrumador, entre ellas las petrolíferas y las mineras. Aunque bien es cierto, que en las décadas siguientes dichos sectores se estancaron.

No obstante, tengo curiosidad por saber cómo se comportaría dicha cartera, en la que las petrolíferas llegaron a representar el grueso del beneficio, en un ambiente deflacionario o ligeramente deflacionario como el que empezó en el 2000, y que aún a día de hoy no ha terminado, aparentemente.

Recordemos, que en el último gran periodo de deflación en los Estados Unidos, en la Gran Depresión, el precio de las materias primas y de sus acciones colapsó completamente, salvo las acciones mineras de oro, que fueron las únicas que batieron al mercado en aquellos aciagos años.

Por lo tanto, mi duda queda ahí, a falta de ver como se comportaría esta cartera de “valores originales del SP500 en 1957”, si aguantáramos, hasta el fin del siguiente mercado bajista.

No obstante, dicha duda tampoco es especialmente válida si tenemos en cuenta que en cada periodo vamos a encontrar un “grupo” de acciones que tenga mejor comportamiento que las demás.

En un ciclo serán las mineras de oro, en otro las energéticas, en otro las financieras, en otro las biotecnológicas, etcétera.

Cartera acciones diversas

El estudio dividió las acciones originales en tres grupos o estrategias diferentes:

  • El Survivors Portfolio (SP), el cual solo tendría las acciones que irían sobreviviendo con el paso de los años, vendiendo aquellos valores que se fusionasen con otros, etcétera. El número de estas empresas en el 2003 sería de 125.
  • El Direct Descendants Portfolio (DD), el cual incluiría el número de acciones originales más las resultantes de las que adquirieron las anteriores. El número sería de 228 para el 2003.
  • El Total Descendants Portfolio (TD), el cual incluiría incluso los nuevos proyectos surgidos de los nuevos grupos. Este grupo tendría 341 acciones.

Los retornos de estas estrategias serían los siguientes en términos iguales de valor: 10,85% para el SP500, 11,40 para el TD, 11,35 para el DD, y 11,31 para el SP.

Como vemos, los retornos de las diferentes estrategias son similares entre sí, y más o menos medio punto porcentual superior a la del SP500.

En caso de aplicar una ponderación de acciones con igual peso de las mismas, los retornos serían un poco mejores para las estrategias comentadas, en torno a: 12,14% para TD, 12,18% para DD y 12,28% para SP.

Aunque no sé porque no incluye el mismo valor de carteras con igual peso para el dato del índice SP500 clásico (¿?).

Uno de los puntos que los autores del estudio aducen a favor es el hecho de que dichas estrategias son incluso mejores porque son más pasivas que una gestión activa del SP500, y que no sería necesario casi hacer compras y ventas, salvo los casos de adquisición y fusiones.

No obstante, en el estudio hay un hecho curioso, que nos aparece en una gráfica (figura 3) de comparación de ambos sistemas, en el que se ve que la rentabilidad de los TD era un 30% mejor que la del SP500 en el año 1990, pero diez años más tarde, la misma cayó incluso por debajo, lo cual fue debido al hecho de que la cartera del TD, con los valores originales de 1957 no tenía valores de la nueva tecnología de la burbuja del Nasdaq; situación que volvió a la “normalidad” luego de que la burbuja estalló, volviendo el TD a estar un 30% por encima de la estrategia clásica.

Aquí hemos de notar, que un 30% mejor después de un periodo de más de 45 años no es una cosa muy significativa, y que en realidad, ambos sistemas son casi equivalentes.

Una de las mejores y más acertadas críticas de los autores es el hecho de que muchas firmas que van a ser incluidas reciben mucha presión por ese mismo hecho, resultando que en esas sesiones previas a la inclusión en el índice, se produce una especie de inflamiento del precio, lo que no es para nada bueno para aquellos que van a invertir en las mismas.

Digamos que el efecto “marketing” y “ruido” nos come unos puntos porcentuales en muchas de estas adquisiciones para el índice.

Conclusión

Sin lugar a dudas, uno de los mejores estudios que he visto sobre el asunto hasta la época, y aunque no me demuestre de manera definitiva que sea una opción “mucho mejor” que invertir en el índice – aunque sí que puede ser ligeramente mejor o al menos casi igual – sí que es una estrategia para tener en cuenta, sobre todo por el hecho de no volvernos locos a la hora de invertir en la misma, pues no hay necesidad de hacer muchos cambios de cartera a lo largo del tiempo.