Isaac Newton y la Burbuja de los Mares del Sur

La inversión en Bolsa o el trading a corto o medio plazo no es algo que tenga una correlación necesariamente positiva con la inteligencia.

Muchas veces ocurre que las personas más inteligentes fallan en la Bolsa de manera tan estrepitosa como aquellos que no son tan dotados.

Burbuja de los mares del sur resumen

El ejemplo más famoso de toda la historia es probablemente el de Sir Isaac Newton, uno de los científicos más importantes de todos los tiempos, quien perdió sus ahorros en el colapso financiero de la Burbuja de los Mares del Sur, allá por el Siglo XVIII.

Esa burbuja, junto con la de los tulipanes, es una de las más famosas de la historia.

Más que nada porque fueron las primeras grandes burbujas de la era capitalista democrática, es decir, la era industrial.

A pesar de que el grado de libertad económica era incomparablemente mayor en aquellos años, aún no se había creado la red de multinacionales que existe hoy en día.

Una de las primeras fue, la Compañía de los Mares del Sur.

Como siempre ocurre con las multinacionales, su aparición siempre coincide con el Capitalismo de Estado o “crony capitalism”, como lo llaman en inglés. La diferencia con nuestra época es que en esa época el Capitalismo de Estado era mínimo, ya que el número de multinacionales era ínfimo, mientras que el grueso de la producción se hacía a nivel local y regional.

Como no, una de las cosas que hizo esta pionera del negocio multinacional, fue el establecimiento de un monopolio en el comercio de los Mares del Sur, con el beneplácito del Gobierno Británico, el cual tendría su deuda condonada a cambio.

Un negocio redondo para ambos.

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Las expectativas fueron tan grandes que se produjo la tan conocida burbuja financiera, la cual se desarrolló en cosa de un par de años, tanto su alza como su colapso, en lo que fue una de las primeras grandes locuras que se vivieron en los mercados financieros modernos.

Newton era un hombre adinerado por aquella época, y como buen hombre inteligente quiso poner a buen recaudo sus tan preciados ahorros.

Como era hombre de acción, vio que la mejor manera de hacerlo era participar en una compañía que parecía que no podría fracasar de ninguna manera. Después de todo, era un monopolio garantizado por el imperio más poderoso del mundo.

Newton decidió comprar un paquete de acciones cuando estas estaban en un valor cercano a 200.

Más tarde, cuando estas habían subido a cercad de 400, las vendió con un beneficio de aproximadamente el 100%.

En aquella época no había ni impuestos por este tipo de ganancias. Así que imagínense la facilidad que habría en la época para ahorra, invertir, heredar, disponer, producir, crear, arriesgar, etcétera. No como hoy en día, que los impuestos van comiendo terreno hasta unos niveles que dentro de poco ya no podrán ser considerados como no confiscatorios.

En cosa de meses, el ascenso del precio era tan frenético que Newton se puso nervioso al ver como la acción seguía subiendo y mucha gente se hacía rica, mientras él estaba “fuera”.

El privilegiado cerebro no pudo aguantar las presiones de las emociones, y compró de nuevo, un paquete más grande a un valor cercano a 700, casi el doble del precio al que había vendido la última vez.

Seis meses más tarde la acción estaba colapsando completamente.

Nunca invertir en burbujas financieras

Como ocurre con muchos inversores que compran este tipos de activos burbujeados, no venden con la esperanza de que la cosa rebote y vuelva a subir, que es lo normal, todo hay que decir.

Lo normal en la gran mayoría de acciones fuertes y normales de un mercado.

Lo que pasa es que cuando se da una burbuja, el colapso de las mismas suele ser de carácter diferente que los mercados bajistas típicos. Japón en 1989 y el Nasdaq en el 2000, son dos claros ejemplos.

Crisis de la burbuja de los mares del sur

Para su desesperación, Newton observó como el precio seguía bajando y no se recuperaba.

Absolutamente desesperado empezó a vender sus participaciones a la baja en precios cercanos a 350, 250 y 150 (1), habiendo caído el valor de su operación en más de un 60%, aunque no sé si en aquella ocasión el sabio británico iba apalancado.

En su operación inicial, había ganado 1 millón de libras equivalentes al valor de hoy. En la segunda, perdió 3 millones, la práctica totalidad de sus ahorros.

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En una de las frases más conocidas de la historia de la Bolsa, Newton dijo:

“Puedo predecir con exactitud los movimientos planetarios, pero no puedo predecir la locura de las masas”.

Esta burbuja de los Mares del Sur no estuvo exenta – justo como hoy día – de fraudes y falsas declaraciones de sus directores y demás interesados, contribuyendo a la orgía compradora de todo el público.

Esto, junto con un mercado alcista general en los demás valores de la Bolsa británica, puso todos los ingredientes para la burbuja perfecta.

Es muy difícil saber cuándo hay que salir de una burbuja, o si se está formando una, aunque a veces, es más o menos evidente, solo con ver que toda la prensa de un país o del mundo, está hablando de lo mismo, y el tema no para de subir.

Recordemos, otra vez, los casos de Japón y Nasdaq.

Como nos demuestra el ejemplo de Newton, siempre será razonable no entrar en activos desde un punto de vista inversor, cuando los mismos hayan subido de una manera tan fuerte en poco tiempo.

Es decir, no deberíamos comprar cuando un activo sube de 150 a 700 en cosa de un año. Ese comportamiento tan fuerte nos indica que la acción o valor, están casi con toda probabilidad, sobrecomprados.

Lo interesante aquí, en todo caso, es hacer una especie de trading a corto o medio plazo, que es para lo que mejor sirven estas burbujas.

Ese trading llevará un stop más o menos ajustado, e intentará buscar la continuación de la burbuja.

Cuando la misma estalle, lo interesante será salir antes de que el precio baje demasiado, por ejemplo, cuando la media móvil de 150 o 200 días es cruzada a la baja, o la de diez meses. Por poner dos ejemplos.

No obstante, creo que Isaac Newton aprendió una buena lección.

Una lección que no puede ser aprendida estudiando fórmulas matemáticas exactas.

La Bolsa no es una ciencia exacta. Más bien es, como decía Mises, un fenómeno praxeológico.

 

  1. Datos sacados a ojo de una gráfica que hizo Marc Faber hace años.