La decreciente actividad empresarial de los autónomos en Occidente

Hace unos días, Charles Hugh Smith publicó un artículo en peakprosperity en el que decía que la clase media con empleo propia casi no existía más. Esto sería el equivalente a los famosos autónomos en España.

A pesar de lo que pueda parecer, el número de autónomos en los Estados Unidos es relativamente inferior al de España por una gran diferencia.

Si tomamos una población de 300 millones en los Estados Unidos y una cantidad de autónomos de unos 22.5 millones, por una población de 46 millones en España y unos 3 millones de autónomos, nos da una relación del 7,5% de la población en los Estados Unidos tiene autoempleo y en España el 6,5% aproximadamente.

Visto así, el número de autónomos es mayor en los Estados Unidos. Pero no vayamos tan rápido.

Según datos del artículo nombrado, solo 13,1 millones de los “autónomos” americanos tienen ingresos anuales de más de 10.000 dólares, y sólo 7.4 millones, mayores de 25.000 dólares, que sería la cifra mínima por la que podríamos considerar un negocio de autónomo en España.

Esto nos daría que el verdadero número de autónomos a comparar con España, donde la mayoría facturan al menos unos 20.000 euros anuales, sería de 7.4 millones (aquellos que facturan por encima de los 25.000 dólares). El resto, no podrían ser autónomos en España por la simple razón que facturando 10.000 dólares al año, por ejemplo, no sería suficiente para cotizar. Esos, o bien dejarían de estar dados de alta en el régimen autónomo o simplemente acudirían al mercado negro.

Aquí, ya podemos ver la facilidad que tienen en Estados Unidos para que los autónomos puedan empezar su actividad con un mínimo de facturación en comparación con España, la cual tiene una de las barreras de entrada, en forma de cuota mensual, más altas del mundo.

Curiosamente, muchos de esos autónomos o infra-autónomos de los Estados Unidos supongo que no darán como desempleados en las encuestas de desempleo de los Estados Unidos, añadiendo más datos “falsos” a lo que es una verdadera encuesta de paro. Evidentemente, alguien que factura 5.000 dólares al año (5,5 millones en los Estados Unidos), no debería ser considerado como persona empleada.

Aunque ya sabemos que todos los países tienen bien cocinadas sus encuestas y datos de empleo para edulcorar los datos de cara a la galería. Lo que importan son las apariencias.

De todos modos, la situación laboral de España no tiene, aún así, comparación con la de los Estados Unidos, donde los universitarios, al menos pueden encontrar trabajo de otras cosas, aunque sea en un almacén. En España hay regiones enteras que ni una cosa ni la otra. Pocos, pero que muy pocos países en el mundo han tenido un desempleo juvenil del 50% tan sostenido como el del país ibérico.

Volviendo a la cifra que nos dio antes un número de autónomos ingresando un mínimo al menos para poder “vivir” en los Estados Unidos, vemos que la cifra relativa de autónomos en ese país sería más bien del 2,4% (7,4/300). Cifra, ahora sí, lejana del 6,5% de autónomos que hay en España.

Viéndolo así, o bien la cifra de autónomos es muy grande en España, o muy pequeña en los Estados Unidos, la supuesta patria de la libre empresa, pero por lo que vemos aquí, no tan libre o “fácil” para que la gente pueda montar negocios propios.

 

La desaparición de la clase media en los Estados Unidos y Europa

 

Como se quejan en el artículo de peakprosperity, el número de hogares con ingresos de autónomo que pueden permitirse una vida de clase media es ínfimo, pues recordemos que incluso un autónomo que ingrese unos 50.000 dólares en los Estados Unidos, no podría ser considerado clase media. Esa cifra no da para mucho en ese país, donde los sueldos medios son casi el doble que en España, donde hay que pagar impuestos, y donde hay que mantener familias. Digamos que el mínimo para que un autónomo pueda tener una vida mínimamente decente en los Estados Unidos estaría más cerca de los 100.000 dólares. Autónomos que superen esa cifra son bastantes pocos. Lo mismo que en España, autónomos que superen los 60.000 euros anuales son bastantes menos.

Teniendo en cuenta cómo están las cosas, parece claro que el negocio de los autónomos y empresas individuales (dos maneras diferentes de llamar a lo mismo), está en pleno retroceso.

Las cifras de autoempleo de los Estados Unidos o Europa, incluida España no tienen nada que ver con las que habían hace 100 años, donde el autoempleo era la norma, el paro no existía (tampoco las ayudas y regulaciones laborales y sociales). La tendencia parece clara: hacia la disolución del sector en el mundo.

La cantidad de burocracia que hay en los países avanzados está alcanzando niveles tan altos que la actividad individual por cuenta propia va a terminar por desaparecer algún día dada la imposibilidad de acometer todas las regulaciones impuestas. Ni siquiera serán los impuestos la principal causa, sino las “cadenas” en forma de regulaciones.

Las economías y sociedades de Occidente están totalmente dominadas por el Estado y la gran empresa, siendo que entre los funcionarios, jubilados, trabajadores de las grandes empresas y perceptores de ayudas como parados e inválidos, formen la gran mayoría de la población de las naciones correspondientes. Ese esquema es totalmente incompatible con la libre empresa o propiedad privada a largo plazo. La única propiedad privada que quedará será la de las multinacionales, pero dicha propiedad no será de “libre empresa”, sino fruto del Capitalismo de Estado o “Crony Capitalism”.

El artículo analizado termina diciendo que sí merece la pena ser autónomo, porque esa gente es la mejor preparada para la próxima crisis financiera, ya que tienen ingresos extra (muchos de esos pequeños autónomos en los Estados Unidos tienen otra actividad principal como asalariados), con la que desarrollan sus habilidades.

La discrepancia que encuentro con esto es obvia. Precisamente serán estos los que más van a sufrir en cuanto llegue el gran cambio que está por venir, que no es otro que una colectivización mucho mayor de las economías y las sociedades. Cuando ello ocurra, buena parte de las actividades que realizan ahora dejarán de ser posibles. Estarán prohibidas, por decirlo de alguna manera. Esos autónomos y falsos autónomos sufrirán porque verán cortados sus ingresos extra o completos de manera dramática, y en la mayoría de los casos sin ayuda de desempleo o de ningún tipo, en el mejor de los casos.

No obstante, cierto es que en caso de un escenario apocalíptico siempre lo tendrá mejor un autónomo granjero de Iowa con su campo, granja, animales, almacén, rifles, etcétera, que las hordas de trabajadores de oficina o pensionistas en Nueva York o Madrid. Desde ese punto de vista, ser autónomo sí tiene una ventaja.

Curiosamente, no son pocos los autónomos en España que piensan votar o han votado a Podemos. Los ilusos piensan que las promesas de bienestar y progreso de un partido de ese tipo traerán beneficios a sus actividades respectivas. Lo que no saben es que una vez implementado un gobierno así de manera estable, los negocios de autónomos, pequeñas y medianas empresas morirán sin misericordia. En ese escenario, solo sobreviven el Estado y sus dependientes y las multinacionales.

Así vemos que se produce otra segunda curiosidad, y es que precisamente bajo un gobierno de izquierda radical, con la gente pensando que el Estado es más independiente, social, etcétera, son las multinacionales a las que mejor les va.

Lógico que así sea, ya que un régimen así siempre acaba con el resto de su competencia, la pequeña empresa, la cual no puede nunca competir para sobornar a los grandes líderes del partido. No hay nada como una buena chequera de una multinacional, y los líderes más “radicales” de esos partidos se vuelven corderitos.

Así funciona esta realidad, donde las “apariencias” son lo más importante para el éxito material. Realidad que no es más que una parodia de mal gusto.

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