La falacia de la devaluación monetaria y la mejora de la competitividad exterior

Una de las mayores falacias del mundo actual – y hay muchas –es la que se resulta de creer que la devaluación de la divisa conduce a un mejoramiento en las exportaciones del país, y por tanto, supuestamente, a una mejora de las condiciones económicas nacionales.

Aunque no voy a decir nada nuevo, no hace falta ser muy inteligente para darse cuenta de que dicha teoría o idea es una estupidez, la cual viene respaldada (la idea estúpida) completamente por los datos de la realidad, solo que nadie, o casi nadie, se preocupa de recordarlos cuando sale una conversación del tema.

Como es lógico una devaluación monetaria debería favorecer la actividad exportadora de cualquier país, al tener sus productos más “baratos” en los mercados internacionales.

Por otro lado, sin embargo, la lógica nos dice que ese país debería empeorar su sector empresarial debido a que el consumo externo resulta mucho más caro.

Devaluación de divisas y consumo de capital

Según las ideas de los keynesianistas destructores de capital, esto debería conducir a una reducción en las importaciones (debido a su encarecimiento), y a un aumento de las exportaciones debido a su abaratamiento. Todo muy lógico sin duda.

La realidad es, sin embargo, otra.

Los procesos de devaluación de divisa son procesos prácticamente neutros en cuestión de competitividad exterior.

Lo que es más, en la mayoría de los casos ese efecto suele ser negativo, y esto es debido a que los procesos de devaluación monetaria son en realidad más una consecuencia que una causa.

Una consecuencia de un fenómeno más fundamental, el cual es el consumo de capital por la economía mediante infinidad de políticas sociales y económicas de corte bananero.

¿Devaluar divisas?

Es decir, lo que nos está diciendo una devaluación constante en un país, no es que se vaya a producir una mejora en su competitividad exterior, lo cual es una estupidez, sino al contrario, nos está diciendo que ese país está siendo escenario de fuga de capitales y de un acoso cada vez mayor contra la propiedad privada.

En un escenario en el cual un gobierno se embarca en el camino intervencionista, la verdadera razón por la que el gobierno devalúa es porque la devaluación es una máscara del proceso confiscatorio en el que se encuentra inmerso.

Al contrario, una moneda testarudamente fuerte es síntoma de una sociedad estable y con normas más o menos claras de respeto de la propiedad privada.

Ante esa situación los capitales del mundo van a esos países y compran sus activos haciendo que sus divisas se aprecien constantemente.

Esto, en lugar de destruir las exportaciones y la competitividad exterior, produce lo contrario, las fortalece de manera dramática.

Esa entrada masiva de capital, que “encarece” la moneda, produce sin embargo que el país “nade” en abundancia y el capital para formar nuevas compañías sea mayor que en ningún otro país que “mejora competitivamente sus exportaciones” (devalúa).

Devaluación divisa

En los países que devalúan, el comportamiento lógico del capital es el contrario. Ante la certeza de que el gobierno va a “mejorar” la competitividad del país de manera casi constante – casos de Venezuela o Zimbabue por ejemplo – el poco capital que quede o que se pueda formar huye del país de manera irremediable.

De nada sirve haber devaluado la divisa un 80% si luego no tengo capital con el que invertir en nuevas fábricas, o reparar las existentes. Por no hablar de que ahora, las importaciones de maquinaria, comida, materias primas, etcétera, serán mayores.

El verdadero quid del fenómeno es el hecho de que los países que más devalúan son los que más tienen de adoptar medidas intervencionistas en sus mercados de capitales.

Puede que China haya invertido algo de capital en Venezuela, pero el resto del mundo no está tan loco como para enviar un solo centavo a una sociedad en la que la garantía de confiscación del mismo es casi total.

Ante una situación así, da igual cuanto “mejores” la competitividad de tus empresas. Pues al final, ya no habrá empresas a las que mejorar la competitividad.

Lo mejor de todo es que esto se puede comprobar perfectamente estudiando un poco de historia o viendo cuales son los países exportadores e importadores más fuertes de la actualidad. En la mayoría de los casos, y en los más prominentes, una divisa fuerte es sinónimo del sector exportador más fuerte del mundo.

¿Alguien conoce divisas más fuertes que el marco alemán, el yen japonés y el franco suizo?

Competitividad de Alemania

Cualquiera que estudie los datos verá que el marco alemán era la moneda europea, y prácticamente mundial, más fuerte de la segunda mitad del Siglo XX, y que Alemania era, y es, junto con Japón el principal país exportador del mundo.

Lo mismo podemos decir de Japón.

Si analizamos los datos de los últimos treinta años, no hay prácticamente divisa que se haya apreciado con el yen japonés. Este se ha apreciado (encarecido) con respecto al resto, en muchos casos de manera dramática.

Para ello solo basta con observar el gráfico a largo plazo de la cotización dólar yen japonés, en el cual se puede ver claramente donde estaba uno y donde estaba otro hace cuarenta años.

El dólar se abarató más de un 50% con el yen en ese periodo, y sin embargo, los EEUU han mantenido un déficit exterior creciente.

Pero no hace falta irse a ejemplos tan “poco” claros. Podemos ir a los claros ejemplos de Venezuela, Zimbabue, Argentina, Cuba, Corea del Norte, y concluir que con los datos de los últimos sesenta años en la mano, a mayor devaluación de la divisa, menor fortaleza competitiva del país, y menor capacidad exportadora del mismo.

¿Alguien conoce algún producto o marca de Zimbabue?

¿Alguien conoce algún producto japonés?

Pues eso. Devaluación monetaria debería ser sinónimo con consumo de capital masivo (confiscaciones fuertes crecientes), y no con mejora de la competitividad.

El hecho, es que cuando algunos países lleven sus divisas prácticamente a cero en los próximos años décadas, ello no será reflejo de un mejor sector exportador, sino reflejo del empobrecimiento masivo de esas sociedades, las cuales habrán abrazado probablemente, el sueño del estado colectivista.

 

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