La lenta muerte de la juventud francesa

Hace unos días, Bill Bonner escribió un estupendo artículo sobre la situación socioeconómica francesa que con su sencillez refleja mejor la realidad de esa nación que mil artículos de macroeconomía ridículos publicados sobre el PIB, la producción industrial, etcétera.

El artículo, titulado, “Francia es un país muerto” habla de la desesperante situación de los jóvenes en ese país, que se encuentran en una situación casi sin esperanza para construir un presente próspero con el que construir un proyecto.

Tengo que decir que al leer el artículo pensaba que se estaba refiriendo a España, pues en realidad, la enfermedad que aqueja ambos países es la misma, y no es otra que el socialismo cada vez más asfixiante que azote todo el mundo avanzando. Socialismo atroz disfrazado de falso capitalismo, para que las masas vayan cayendo mejor en la trampa.

Desde luego el diablo es malvado pero no tonto.

No solo muchos individuos “ricos” de clase media alta – de la poca que queda en ese país – abandonaron Francia por aquel impuesto del 75%, sino que también lo hacen en masa los jóvenes con talento de dicho país, pues al igual que en España no hay posibilidades de emprender, y solo si tienes los contactos adecuados puedes tener la suerte de tener algún trabajo “decente”.

Pero, en general, el clima es de auténtico estancamiento, con una burocratización absolutamente brutal, en la que los jóvenes ven casi imposible emprender algún negocio rentable sin que las normas locales, regionales o nacionales se los coman.

Básicamente, Francia es un país en estado de descomposición, al igual que la mayor parte del mundo avanzado, aunque si cabe, un poco más.

Al menos los jóvenes tienen la posibilidad de encontrar trabajos en Londres, los estados Unidos o Canadá, que es a donde emigran los mejores jóvenes del otrora gran país europeo.

Francia, al igual que España, se ha convertido en un país de burócratas y trabajadores de multinacionales, los cuales sin saberlo si quiera, están bajo el paraguas de la burocracia más atroz.

De momento todo parece bien, pues la maquinaria aún rueda. El capital heredado por muchos siglos de imperio era mucho, al igual que el del resto de Europa, pero el mismo se va quemando poco a poco en medio de la más absurda complacencia.

Bonner nos habla de una anécdota que les pasó en un tren que tomaron en el país, y donde compraron tickets de primera clases de tren.

Cuando subieron al mismo se dieron cuenta de que el departamento era prácticamente igual que los de segunda clase, y al preguntarle al encargado, este les contesto: “bueno, cuesta más porque se lo puede permitir menos gente y por tanto viajarán más cómodos”, pero lo curioso es que el otro vagón tampoco estaba lleno.

Como bien pudo ver Bonner, los problemas que azotan Francia son incluso peores que los de los Estados Unidos, que ya es decir, pero yo le invitaría a que viniera a España y se diera una vuelta por el panorama nacional del país ibérico para que descubriera como un país muere poco a poco en medio de la ilusión de la democracia.

 


source: tradingeconomics.com

El “mercado alcista” a largo plazo en el desempleo juvenil en Francia tiene una tendencia bastante clara: al alza. Y eso, que estoy seguro, que al igual que los gobiernos del resto del mundo avanzado, el francés habrá hecho sus esfuerzos en “cocinar” los datos a lo largo de los años, para que parezcan menos malos. Ya saben, no contabilizar a parados que estén haciendo algún curso público, o trabajando en alguna empresa fantasma estatal, de las cuales hay muchas en Francia.

En Francia, al igual que en España, el sistema está totalmente hecho para aquellos que están dentro del sistema: funcionarios, trabajadores de multinacionales con muchos años de servicio y todos los vividores de lo público. Es decir, el 70% de la población.

Así, es normal que las empresas se nieguen a contratar jóvenes, ya que las mismas están, aunque no lo parezca, con la soga al cuello, y contratar más jóvenes con contratos de varios años, para que al final tengan vacaciones de diez semanas, como los trabajadores de EDF, o sea casi imposible echarlos, pues no sale a cuentas.

Lo mismo pasa en España.

Los trabajadores con quince años son casi intocables.

Una empresa siempre echará primero a uno que lleva un año, pues el coste de despido es diez veces superior en el primer caso.

Esto hace que los sistemas de coste de despido a la europea hayan significado la destrucción de la juventud de buena parte de esos países, y lo curioso es que las masas defienden dichos “derechos” con más ahínco que ningunos, cuando son precisamente los más destructores para el bienestar social de la sociedad en general.

Ese tipo de coste de despidos no existe en Japón, Reino Unido o los Estados Unidos.

En esos países, la juventud tiene una oportunidad de trabajar.

El paro casi no existe.

En la Europa más “progre” hemos hecho un sistema que favorece de manera dramática a los que llevan más años en el sistema, digan lo que digan, con lo que la sensación de desesperación juvenil es aún mayor.

¿La respuesta a esto?

Como en un juego maquiavélico de dialéctica hegeliana, lo que quieren las masas, y particularmente, las juventudes europeas, es igualar por “debajo”.

Es decir, en vez de pedir la derogación de dichos “derechos” patriarcales de los que llevan años en el sistema e igualar a todos de manera más justa, lo que van escuchando son las propuestas de aquellos que quieren prohibir literalmente los despidos, que no es otra cosa que votar al un partido comunista, pero llamado con algún nombre gracioso y divertido, tipo “Yes, we can”, para que suene bien y “majo”.

Kronos devora a sus hijos sin piedad. Las democracias, sin darse cuenta, también.
Kronos devora a sus hijos sin piedad. Las democracias, sin darse cuenta, también.

Pero, por muy bien que suene, no es sino lo mismo de siempre: la introducción de la política comunista por la puerta de atrás. Y Francia está muy cerca de eso, al igual que España. Porque, aunque el partido de LePen parezca “fascista”, en realidad se acerca más al comunismo que otra cosa.

Las democracias, pese a quien le pese, son como el dios Kronos/Saturno, el dios que en el fondo, es el que más a gusto está con ese tipo de sistemas, pues éste al igual que las democracias, acaban devorando a sus hijos, lo que ocurre es que los miembros de esas sociedades que ni siquiera se percatan de ello, sino que continúan con el “plan” hasta el fin del mismo. La diferencia es que Kronos, devora a sus hijos a conciencia.

Desgraciadamente, el futuro próximo de España y Francia es bastante oscuro, y con dosis cada vez mayores de Estado, socialismo y podredumbre.

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