Las elecciones municipales en España y el principio del fin de la democracia

Que las ciudades son los mayores nidos de delincuencia y corrupción es bien sabido. Aunque muchos traten de no aceptarlo o tenerlas como la obra más perfecta del progreso.

Lo cierto es que su apogeo material y la confortabilidad que viene inherente a las mismas, hace que las ciudades sean los mayores focos de “infección viral” y subversión.

La estocada final a la civilización occidental y a la prosperidad que la misma creo antaño vendrá de las mismas ciudades, que es de donde salen las hornadas de intelectuales y movimientos que más tarde liderarán al país.

Así tenemos, que en las últimas elecciones municipales españolas, el gran triunfo de las fuerzas del comunismo, enmascaradas en diferentes nombres para evitar el mal nombre que el anterior indudablemente tiene, se ha producido en las principales ciudades españolas.

Es en esos centros de corrupción y decadencia donde se juntan las condiciones para que las masas crean más que en ningún sitio las diatribas de la pasión.

Curiosamente, se piensa que el triunfo de dichos partidos y candidatos es debido al uso de la razón, de que por alguna manera, las masas están haciendo caso a la “razón” y por fin, han decidido echar del poder a los corruptos partidos tradicionales.

En una cosa están acertados las masas y los nuevos movimientos. Los partidos tradicionales están corrompidos en gran medida. Los mismos son, además, causantes de la situación en la que estamos, aunque solo de forma subsidiaria, pues el verdadero responsable es el pueblo que lleva votando a esos partidos durante décadas.

En un juego psicológico absolutamente grotesco, las nuevas soluciones se presentan como “frescas”, con gran poder de “oratoria” y llenas de “vitalidad”. Como si eso fuera razón para que las mismas sean la mejor opción de cara a conseguir la mayor prosperidad del pueblo, que es de lo que al fin se trata.

 

La inevitable decadencia de las bellas ciudades
La inevitable decadencia de las bellas ciudades

Cortesía de cegoh, pixabay

 

Como bien decía Mises, no es el fin de las doctrinas socialistas el problema. En eso están tan de acuerdo como las doctrinas más conservadoras. Todas las doctrinas quieren la mayor prosperidad para el pueblo. El problema con las doctrinas socialistas y “buenistas” es que no pueden lograr esa prosperidad a largo plazo. Eso es imposible.

Sin embargo, lo que manda en el mundo democrático es la emoción. La gente vota más con emociones y siguiendo sus más bajas pasiones, que otra cosa.

“Casa gratis”, “Renta Universal”, “stop desahucios”, “sanidad gratis y universal”, “política de puertas abiertas con el resto del mundo”, “solidaridad”, etcétera.

Todos estos memes no podían atraer la mayor cantidad de votos en las condiciones iniciales del ciclo democrático, cuando España y Occidente eran ricos. Siempre gozaron de popularidad, pero fue difícil una victoria total de esas tesis, aunque en los años treinta del Siglo pasado estuvo a punto de llevarse a cabo en España.

Antes, la gente, era algo más sensata, y sabía que dichas propuestas no podían llevar a nada bueno, en general.

Hoy en día, sin embargo, la situación está madura para que las democracias den el paso siguiente en la construcción del modelo totalitario.

Después de varias décadas de “democracia suave” el empobrecimiento de las sociedades es tan evidente, que las tesis del todo “gratis” ya tienen la base suficiente para ir ganando el corazón del pueblo europeo y español.

No nos confundamos. La democracia suave solo tuvo “éxito” en el hecho de llevar la destrucción del país a una velocidad lenta, de muchas décadas. ¡Qué bonitos fueron los años de rosa y vinos! las “democracias duras” futuras (comunismos disfrazados) irán a la velocidad de la luz.

El problema es que esa democracia trajo el problema gigantesco de la deuda, con la cual esa democracia vivió los mejores años. Ahora hay que pagarla y no hay con qué.

La cantidad de regulaciones creadas en décadas de democracia también hace casi imposible cualquier actividad emprendedora más o menos productiva. Lo más que se puede hacer es intentar actividades parasitarias, pero producción, lo que es genuina producción, es imposible. La misma está vetada a alguna multinacional, y poco más.

Los efectos brutales de tantos años de intervencionismo y la acumulación de esa deuda son la base necesaria para la nueva hornada final de políticos demócratas “exitosos”, es decir, que ya vamos a entrar en la era de las políticas bananeras.

 

El triunfo de la pasión y los grandes mercados alcistas futuros en la Bolsa

 

Muy al contrario de lo que piensan las masas que votan con la “pasión”, las políticas de esos nuevos políticos no van a traer la ansiada prosperidad y el bienestar de sus hijos (para los que aún tengan el coraje de tener algunos), sino que comprobarán como la situación se degenera de manera exponencial (1), siendo que la demanda por cada vez mayores políticas sociales aumente, en vez de disminuir, que sería lo lógico.

El resultado, curiosamente, será el fin de la democracia parlamentaria de manera paulatina, tal y como la entendemos hoy, y el establecimiento de democracias “orgánicas” o “participativas”, que no será sino una forma edulcorada de llamar a los futuros estados totalitarios comunistas.

Aunque todavía no se ha llegado al punto en el que las masas ya se decanten totalmente por esas nuevas tesis y políticos “oradores” y “razonables”. Lo que hemos visto hasta ahora es un declive lento de la sociedad española y europea, el cual va a acelerarse una vez colapse el BCE y todo el mercado de bonos continental.

En ese momento, veremos ya, cómo la pobreza se extiende de manera sustancial por Europa. Entonces sí, será el momento definitivo para que las fuerzas radicales ganen las elecciones generales.

Cuando llegue ese momento será un “sálvese quien pueda”.

Lo curioso de todo es que posiblemente veamos los mercados de bolsas más alcistas de toda la historia europea y occidental, con la salvedad de los de Weimar.

Y así tendremos una de las parodias finales de la democracia, con los mercados “capitalistas” como nunca, y las políticas sociales, rozando el comunismo puro y duro.

Los que mantengan algo de cordura en esos momentos finales de la civilización, sabrán que están ante un espectáculo grotesco.

Es gracioso que estas elecciones municipales, que muchos ven como el principio de la regeneración y “salvación” de la democracia, no sean sino el signo del próximo final de la misma. Final que le darán precisamente esos partidos “defensores” de los supuestos valores democráticos.

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  1. Siempre es así al final de un proceso de descomposición, de subversión y de todo lo que tenga que ver con elementos parasitarios.