Mejor momento para vender acciones

Toda estrategia de inversión o trading a corto plazo conlleva dos actos tan simples, y tan difíciles a la vez, como comprar y vender.

De nada nos sirve comprar si no podemos vender, cuestión necesaria para que funcione un mercado.

Sin embargo, la gran mayoría de la información al respecto tiene que ver con el proceso de compra y poco con el de venta, aunque esto será diferente para los sistemas de inversión a largo plazo y los de corto plazo.

¿Cuál es el mejor momento para vender acciones?

Un inversor a largo plazo sabe cuando compra pero no sabe cuándo va a vender – aunque debería tener un Plan B – mientras que un trader a corto siempre debe saber cuándo compra y cuando va a salir; es decir, ha de poseer un plan de trading.

Vamos a ver qué momentos podrían ser adecuados para vender acciones:

El precio de la acción llega al precio objetivo

Si tenemos un plan de trading a corto plazo es casi seguro que deberíamos tener un precio objetivo para la venta de la acción.

De tal manera que si compramos Inditex en 80, esperaríamos salir en 110, por ejemplo.

Ese sería nuestro objetivo.

Esto, desde luego, está más cerca del trading a corto plazo que de la inversión a largo plazo.

En la inversión a largo plazo raramente vamos a ponernos un precio de objetivo, siendo esto algo no recomendable. Es decir, un inversor a largo plazo no compra Apple a 120 para venderla cuando llegue al objetivo de “250”.

Si la vende en ese precio debería ser por alguna otra consideración. No porque se marcó un “objetivo” cuando la compró.

Por lo tanto, queda más o menos “clara” la diferencia entre inversión y trading a “corto plazo”.

Un cambio a peor de los fundamentales de la empresa

Esto es algo que tiene que ver más bien con la inversión a largo plazo, pues hemos de suponer que alguien que hace trading a semanas o meses vista no lo hace teniendo en cuenta “fundamentales” sino otras cuestiones más “técnicas”, por decirlo así.

En cuanto a la inversión, no son pocos los inversores que deciden vender acciones particulares cuando hay un cambio significativo en los prospectos de una acción. Cambios que tienen que ver con los ratios y cifras de la compañía, normalmente.

En mi opinión esta es una “estrategia” un tanto peligrosa, pues suele darse que esos “cambios” ni son tan fiables como nos podrían parecer, ni tienen porqué llevarnos a tomar la decisión acertada.

Puede que en una ocasión la empresa de verdad empeore y en otros que dichos cambios sean “coyunturales”.

En este sentido, es muy difícil saber cuándo una compañía está dando “señales” buenas o no.

Es difícil saber si estamos en un Enron o Worldcom, o si por el contrario, estamos un unos años de debilidad de la empresa, como le ha pasado a cualquier grande, como por ejemplo Apple.

Aquí podemos ver el devenir de la acción en los años 90, cuando la misma tuvo serios problemas, probablemente relacionados con números decepcionantes. En esos años, seguramente muchos inversores se vieron precipitados a vender.

En este caso, y muchos otros, la decisión probó estar equivocada en el largo plazo.

Imaginemos comprando Apple a 2 USD en 1993 y ver como cae un 70% en pocos años. ¿Qué haríamos?
Imaginemos comprando Apple a 2 USD en 1993 y ver como cae un 70% en pocos años. ¿Qué haríamos?
y sin embargo, esto fue lo que pasó después
y sin embargo, esto fue lo que pasó después

En general será muy difícil batir al mercado intentando salir de las acciones particulares en base a los datos fundamentales. Solo el intentar seguir esos datos consumiría todo nuestro tiempo y nunca nos bastaría para poder analizar de verdad muchas más de 10 o 20 acciones. Y tampoco deberíamos confiar en los análisis de los demás.

Al final, y en la mayoría de los casos, pocas estrategias que consistan en salir y entrar en acciones que tengan empeoramiento en fundamentales o “mejoría” (en el caso de comprar) lograrán batir a un sistema que elija un paquete amplio de acciones y las mantenga a largo plazo. Muchas de esas irán a cero, cierto, pero otras se multiplicarán por 20.

Recordemos que no todos podemos ser Warren Buffett, y este ni mucho menos obtuvo todos sus beneficios con su “cartera de acciones” típica, pues su negocio y sus rentabilidades incluyen otros “conceptos”.

Coste de oportunidad de otra acción

Puede ocurrir el caso de que tenemos la sensación de que por tener unas acciones no demasiado “buenas” o “activas” estamos perdiendo una gran oportunidad mientras otras acciones muestran unos resultados mucho mejores.

Esta idea puede empujarnos a vender las acciones y comprar esas otras acciones populares.

No hace falta decir que dicha idea puede ser buena o puede ser mala y si no que se lo digan a todos aquellos que en la segunda mitad de los años 90 del Siglo XX decidieron no participar en la burbuja del Nasdaq a pesar de que esas acciones parecían no tener techo.

En 1999, dichos inversores, incluidos Buffett parecían los tontos de la película por no apuntarse a la “moda”.

Tres años más tarde, los poseedores de las aburridas Coca Cola, McDonalds, etcétera, reían los últimos y reían mejor.

Si bien no es imposible, sí que es muy difícil identificar situaciones que nos presenten buenos “costes de oportunidad”.

Después y durante una OPA o unión

Suele ocurrir, que en los procesos de OPA o adquisición amistosa o no amistosa de otra compañía, los precios de las mismas suben de manera bastante fuerte, en ocasiones de manera “irracional” con ganancias del 10, 20 o 50% en pocas semanas o meses.

Curiosamente, estos casos suelen presentar buenas oportunidades de vender las acciones y por qué no “acudir” a la OPA. Aunque no siempre resultará que esa venta tenga que ser buena.

Pueden darse casos que la acción sigue subiendo después de la fusión de las empresas, mientras que la otra acción que hayamos comprado se comporte de manera inesperadamente mala.

Antes o después de una quiebra

Este es uno de los casos más difíciles, pues en muchas ocasiones no sabemos si la acción va a quebrar o no, pudiendo ocurrir que no lo hace y termina por rebotar.

No obstante, en las quiebras suele suceder que las acciones nos las terminamos por “comer” con el agravante de no poder realizar las pérdidas en términos de impuestos.

Es decir, que si la acción quiebra y al final no la podemos ni vender, no podremos deducirnos la pérdida en hacienda, con lo fastidioso que eso es, pues ya sabemos que de pagar por las ganancias no se libra nadie.

Ya saben:

En este mundo sólo hay dos cosas seguras: la muerte y pagar impuestos

Benjamin Franklin

Otras situaciones que se me ocurren para vender las acciones podrían tener que ver con nuestra percepción del mercado general.

En 1997 podríamos pensar que Citigroup es una gran inversión de futuro
En 1997 podríamos pensar que Citigroup es una gran inversión de futuro
Años más tarde y a pesar de partir de buenos números y valoraciones "AAA", hubiera resultado en una inversión ruinosa
Años más tarde y a pesar de partir de buenos números y valoraciones “AAA”, hubiera resultado en una inversión ruinosa

¿Es buen momento para vender acciones?

Por ejemplo, si tenemos la impresión de que estamos en una burbuja, que llevamos varios años de subidas y que los últimos parecen ser incluso mayores, una decisión sensata podría ser disminuir el peso de una cartera de acciones vendiendo algunas y aumentando nuestra posición en efectivo.

Casos como estos hay muchos en la historia, como en 1929 en los EEUU, en 1989 en Japón, 1999 en casi todo el mundo o el 2007 igualmente.

Esto es más fácil decirlo que hacerlo y tener éxito, pues nadie tiene la varita mágica para saber cuándo se va a producir la inevitable corrección.

No obstante, como bien saben los chinos estos días del 2015, las burbujas siempre terminan por estallar, y mejor que no te cojan apalancado en el techo de la misma.

También es posible que tengamos que vender acciones por nuestras propias necesidades en nuestras vidas.

Nunca sabemos si nuestra situación financiera nos demandará liquidar nuestros ahorros en acciones para acometer algún gasto de urgencia.

La vida da muchas vueltas y aunque los que inviertan en acciones no gusten e tener que vender las mismas por un acontecimiento así, a veces es inevitable.

Otra situación en la que la venta de acciones sería sensata es aquella en la que sospechemos que nuestro país pueda estar en una senda para acabar en algún tipo de comunismo, como ocurrió en los casos de Rusia, China o Cuba en el Siglo XX, o como está pasando en Venezuela estos años.

Si somos capaces de identificar un deterioro de las condiciones políticas a tiempo y vender nuestras acciones para comprar acciones o valores en el extranjero, no solo estaríamos en posición de salvar nuestros ahorros, sino incluso de poder escapar de la trampa de una dictadura comunista y su miseria inherente para el pueblo.

Buen momento para vender acciones

En definitiva, que vender las acciones es un acto tan difícil o más que comprarlas, ya que nunca podemos estar seguros si estamos haciendo lo adecuado o no.

Siempre y, repito, siempre estaremos en la incertidumbre de no saber si estamos tomando la decisión acertada, pero ello tampoco debe ser óbice para que “no hagamos nada”.

De alguna manera hay que actuar, aunque sea para decidir “no vender”.

Cada uno deberá estudiar sus propias condiciones personales, su visión a corto y largo plazo, hacer lo que crea conveniente y no mortificarse si resulta que las cosas no salieron bien. Unas veces se gana y otras se pierde.

Lo más sensato en el mundo de las acciones es, quizá, no vender nunca, como bien ha dejado caer Warren Buffett en ocasiones.

Para ello, como siempre, lo mejor es una buena cartera diversificada y esperar que la tendencia de las acciones de los últimos siglos continúe.

Pero nunca olvidemos lo comentado antes de los casos políticos, ya que ni siquiera los países de Occidente están a salvo de eventos de ese tipo.

Hay que mantenerse alerta.