Nouriel Roubini y la paradoja de la iliquidez de mercado

Nunca fui muy fan de Nouriel Roubini, uno de los denominados Doctor “Doom” – el otro siendo Marc Faber – que se hizo famoso en la última crisis del 2008 por ser uno de los que venía advirtiendo de la misma.

El hecho es que Nouriel es profesor universitario, y la mayoría de profesores universitarios habla desde un punto de vista keynesiano. De otra manera no sería profesor universitario, obviamente.

Si bien tiene una visión acertada en muchos puntos, luego la echa a “perder” cuando suele dar alguna de sus recetas keynesianas, que no son sino mil y una variantes del tan querido – por los keynesianos – “kicking the can down the road”.

De cualquier modo, sus declaraciones y artículos siempre son bastante interesantes, y el último de ellos, aparecido en theguardian, no tiene desperdicio.

Roubino nos alerta de que la “liquidez macro” de los últimos años ha creado una paradoja, y es que la “iliquidez de mercado” es mayor que nunca, y el riesgo de un crash y colapso también.

En el artículo nos recuerda lo que todos sabemos. El hecho de que las masas monetarias de los países avanzados se han expandido a niveles muy superiores a los de antes de la crisis, en casos doblando y triplicando la misma.

 


source: tradingeconomics.com

Nouriel Roubini en español

Mientras tanto, en medio de un mar de “liquidez” provista por los grandes bancos centrales del mundo, parece ser que cada vez hay más episodios de iliquidez en los supuestos mercados más líquidos del mundo (y no nos referimos al Forex), como los bonos de los principales países y las acciones.

Aunque no olvidemos el acontecimiento en el franco suizo del 15 de enero de este año, el cual marcó un hito en los mercados de divisas y, en cierto modo, nos da una señal de lo que está por venir en el futuro.

En el artículo, Roubini, nos recuerda los episodios de iliquidez y “flash crashes” de los últimos años, empezando por el de la Bolsa americana en el 2010, donde el mercado cayó un 10% en cuestión de minutos.

También nos recuerda los recientes acontecimientos en los mercados de bonos principales, como el “taper tantrum” del bono americano del 2013, o el más reciente del bund alemán, en lo que pareció que el mercado se quedaba “seco”.

Dichos episodios, y sobre todo el del franco suizo este año, nos recuerdan que a pesar de toda la supuesta liquidez que han inyectado los gobiernos y bancos centrales en la economía, la fragilidad del mercado es extrema.

Si tenemos acontecimientos así, casi en ausencia de verdadera crisis, qué no pasará cuando las cosas empiecen a ponerse feas en los mercados mundiales.

 

¿Cómo serán los movimientos que veremos en el bund, los T-notes o los bonos japoneses?

 

No deberíamos descartar movimientos tremendamente disruptivos, por no hablar de los mercados de acciones, aún más vulnerables, si cabe.

Con respecto a los bonos, tanto públicos como corporativos, Roubini nos recuerda el hecho de que los mismos no tienen la liquidez de las acciones, las cuales son intercambiadas en “directo”, o de los mismos futuros de los bonos.

La mayor parte de esos contratos en “efectivo” no son tan líquidos y fáciles de vender de manera ordenada en caso de que se produzca un “incendio”.

Quizá, uno de los puntos más interesantes de lo que dijo fue cuando se refirió al hecho de que los bancos eran grandes agentes de market making en los mercados de renta fija, en los años previos al 2008. Con las regulaciones posteriores al 2008, muchos de esos market makers se han retirado de esos mercados, resultado que los mismos se han vuelto muy vulnerables. Por decirlo de otra manera, a poco que truene, el spread en esos instrumentos se va a los cielos.

La clave, como no, está en la regulación creciente – que viene junto al crecimiento de la deuda o del Estado – que es cada día mayor en Occidente. Regulación que acabará por afectar a los mercados de acciones cuando se logren implementar Impuestos de Transacciones Financieras y cosas similares.

Al contrario de lo que creen las masas, esas regulaciones no conducen a más “orden” y “estabilidad” como prometen los que las promueven.

Es fácil creer en esas cosas tan sencillas, como que si eliminamos a los “especuladores” se acaba la especulación, y por tanto algo bueno saldrá de ello. La realidad es que cuando no haya “especuladores”, la gente comprobará como el “spread” que tiene que pagar entre el mercado oficial y el mercado negro que habrá, será bastante grande. Algo así como sucede en las calles de Caracas, la Habana, Harare o Pyongyang.

Lo cierto es que las regulaciones de los últimos años y décadas y las que están por venir –  aún mayores – acabarán por destruir definitivamente la liquidez genuina de los mercados, y al final solo quedará el agente de planificación central para comprar: el Estado o sus bancos centrales.

Nouriel Roubini está en lo correcto esta vez. Como dice textualmente:

Esta combinación de liquidez macro e iliquidez de mercado es una bomba de relojería.

Creo que Nouriel sabe perfectamente que no hay salida posible al “kicking the can”, y que eventualmente veremos algo bastante gordo. Algo más parecido a un Black Swan (Ciste negro) que otra cosa.

Cuanto tienes a todo el mundo en el mismo lado de la apuesta, eso es lo que acaba por pasar.

 

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