¿Quién tiene la culpa en la crisis griega?

Una de las cuestiones más vendidas de todo este proceso de los rescates griegos y en la cual cae la mayoría de la gente en el sur de Europa, incluida Francia, España, Italia, Portugal y como no, Grecia, es que la culpable y gran beneficiada de todo este proceso es Alemania.

Muchos hablan en términos tipo: “los ciudadanos griegos nunca vieron ningún beneficio”, etcétera.

En honor a la verdad, todo esto es mentira o medias verdades, pues ni la culpa es sola de Alemania, pues resulta que esta no está sola en cuanto a mayor productividad o disciplina fiscal, ya que otros países como Finlandia, Austria, Estonia, Eslovaquia u Holanda están en la misma situación.

Por lo tanto, no es solo Alemania la mala de la película, sino que dicho culpable habría de buscarse en prácticamente todo el norte de Europa. Y si me apuran, apuesto a que la opinión difiere mucho entre el norte de Italia y el sur de la misma, por ejemplo.

Lo que pasa es que la gente gusta de buscar un malo, en cuyo caso suele ser el más fuerte, el más “sano”, por decirlo así, cuestión típica de esta era que nos ha tocado vivir.

Por un lado tenemos a los países más productivos y con mejores mercados en todos los sentidos, y por otro lado a los países menos productivos y con peores mercados, entre ellos, como no el laboral.

Tenemos al norte de la Unión Europea (no solo Alemania) contra sur de la Unión Europa (no solo Grecia). ¿Quienes son los culpables? ¿Quizá tanto unos como otros?

No sé por qué, pero esto me recuerda a la Guerra de Secesión Americana, y aquella serie “Norte y Sur”.

En cuanto al tema de los “pobres griegos”, estos no son tan pobres como parece. Al igual que en España, Italia y Portugal, los griegos “aprovecharon” la Unión Europea para incrementar sus estados del bienestar de manera dramática, mientras se endeudaban y destruían la poca capacidad industrial que tenían.

La clave está en ese asunto. En la conversión de los estados del sur en máquinas de estatismo tan grandes o incluso mayores que las del norte.

El problema radica en intentar crear un Estado del bienestar similar al alemán con una productividad y producción muy inferior.

Sea por la razón que sea, pongamos el clima por ejemplo, a un tamaño del Estado similar, los estados del norte de Europa acaban por ser más productivos que los del sur, los cuales, si los dejan acaban por endeudarse para “cubrir” la diferencia. Para hacer las cosas más complicadas, esos estados se meten a tejer una maraña de legislaciones de carácter progresista de lo más ridículas, haciendo que la posibilidad de crear empresas punteras en esos países sea imposible. Casi imposible es crear una empresa mediocre.

Así no se puede competir con economías con mayor productividad, menor propensión a la corrupción y regiones que disponen de grandes conglomerados industriales del pasado, llámense Siemens, BMW o Phillips.

La única manera que tendrían esos países del sur de intentar ponerse a la altura de esos del norte es mediante un Estado más pequeño, es decir con menos impuestos, burocracia y regulaciones de todo tipo. Esa sería la única manera en la que habría una propensión a haber mayores inversiones privadas en el sur. Lo que ha ocurrido estos últimos 15 años ha sido justo lo contrario, lo que he descrito arriba.

Pero no nos confundamos, tanta culpa de esto tienen unos como otros.

Nunca se debió proceder a una unidad monetaria con un banco central común mientras las políticas fiscales, laborales y económicas permanecían diferentes. Eso, simplemente no funciona.

Ni los europeos del norte tenían que haber prestado dinero a los del sur para que crearan sus paraísos del bienestar mientras estos desmantelaban su industria para quedarse con poco más que cuatro bares de tapas. Ni los europeos del sur tenían que haberse endeudado tanto para encima aumentar el tamaño del estado de manera dramática. Sin duda, una receta para el desastre más absoluto.

Sinceramente, la mejor solución posible para los griegos sería la de la ruptura total con Europa y la de hacer un impago en toda regla.

Solo así volverían a tener una oportunidad de construir un futuro propio. Un futuro basado en lo que el pueblo griego quisiera, no lo que los burócratas de Bruselas impongan. Pero me temo que los griegos no quieren salir en realidad de Europa, pues nunca nadie quiere dejar de ser subvencionado. Nunca.

Una vez un país, individuo, organización o algo es subvencionado y puede vivir de ello, la resistencia a volver a trabajar a la antigua usanza se vuelve cada vez mayor.

Ese es el verdadero drama del pueblo griego: que quieren pero no quieren. Que sí, pero que no, que se van pero que no se van.

Claro, saben que si se van se acaban los sueldos brutos de 20 o 30.000 euros tan típicos en el sector funcionarial del país, por no hablar de que para mantener un millón de trabajadores públicos con la producción griega actual, tendría que ser más bien a un nivel egipcio o libanés, no europeo. Eso, evidentemente, no lo quieren los griegos. Pero ojo, que tampoco quieren ponerse a trabajar y ahorrar otra vez, pues la gente ya está demasiado acostumbrada a la “teta estatal”.

De cualquier manera, la única posibilidad que tienen es la que dije antes: dar un puñetazo en la mesa, tener valor y honor y decir: “no vamos a pagar nada más y nos vamos de la Unión Europea, pero tranquilos que no queremos más de vosotros. Nos las arreglaremos por nosotros mismos; tanto producimos, tanto consumimos”.

Una vez fuera ya podrían decidir qué Estado montar. Pueden montar uno pequeño, como Singapur o Mónaco y volver a ser un país rico en un futuro. Pero también pueden montar uno grande como el de Corea del Norte y empezar a salir pateras de Atenas con destino al Chipre turco.

 

¿Dentro de la Unión Europea?

 

Desde luego que con las condiciones actuales no lo van a conseguir.

¿Por qué?

Pues porque las medidas últimas que han aprobado en estos días de julio, que supuestamente son mucho peores que las que la Troika les pedía antes, no son ni una décima parte de lo que en realidad tendría que hacer Grecia para volver a ser competitiva. Por eso me hace gracia cuando la gente habla de “medidas draconianas” y cosas así.

Subir IVA, “retocar pensiones”, reformas de mercado, supervisión de la UE, activos por valor de 50 mil millones, etcétera. Eso no toca ni la punta del iceberg del problema griego, el cual solo se resolvería si el Estado fuera recortado un 70/80%. Para hacernos una idea, el número de empleados públicos debería bajar de un millón a 300 o 400 mil a lo sumo. Ello junto con una reducción dramática de las regulaciones estatales de la economía. Es decir, que una empresa pueda montarse y producir con facilidad en el país heleno, no como en la actualidad, que más parece un Estado Soviético que otra cosa.

Como eso no va a ocurrir, podemos estar seguros de que esas nuevas medidas propuestas no van a funcionar, no porque sean “duras”, sino porque no llegan ni a una décima parte de lo necesario.

Lo repito, la economía griega no puede producir lo necesario para mantener la estructura de gastos de su Estado actual, ni mucho menos para pagar lo que deben. En otras palabras, ni con un “alivio” de la deuda del 100% salen del problema.

No sé por qué, pero creo que al final terminaremos por ver un colapso cataclísmico del sistema. Un colapso en el que todo será puesto a “cero”, más o menos. Luego, como no, las élites del mundo, tendrán la excusa perfecta para la unificación bajo un gobierno mundial, así como europeo, en cuyo caso, entonces sí, habrá unificación fiscal y legislativa en Europa.

Pero no crean por un momento que eso va a ser bueno para los pueblos de Europa, ni para los alemanes, ni para los griegos, y desde luego no para los españoles.

Mientras tanto, continuemos con el “teatro”.

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