Tsipras, pensiones y democracia

En una declaración oficial de lo más llamativa este lunes 15 de junio, el ministro ha hecho una llamada a la lucha por defender la democracia en Europa, acusando a la troika y demás instituciones de haber saqueado las pensiones griegas durante cinco años.

En la declaración dijo las siguientes cosas:

Uno solo puede sospechar fuerzas políticas detrás de la insistencia de las instituciones de que nuevos recortes sean hechos, a pesar de cinco años de saqueo..

¿Motivos políticos? ¿Y qué es usted señor Tsipras? Pues claro que hay motivos políticos. De hecho, todo lo que se mueve en el mundo institucional hoy en día es “político”. Las negociaciones entre Grecia y la UE o el FMI son plenamente políticas por ambas partes.

En cuanto a la cuestión del saqueo, como siempre las palabras emotivas de los líderes radicales nos dicen justo lo contrario de lo que en realidad es. Aunque como estrategia de marketing psicológico es fabulosa, porque eso es lo que piensa la mayoría del pueblo griego: que les han estado saqueando.

La realidad es otra bien distinta. El único que ha estado saqueando de manera masiva durante estos últimos quince – no cinco años – ha sido el Estado griego, el cual ha prometido unos pagos que simplemente no podía permitirse. Es decir, que los pensionistas y funcionarios griegos están cobrando un 60/80% más de lo que cobrarían en una Grecia independiente con un tamaño de su Estado similar. Así de simple.

En realidad, los únicos sacrificados han sido, y serán, los ahorradores de toda Europa (incluidos los ahorradores griegos), que son los que acabarán siendo destruidos en el proceso final.

Esperaremos con paciencia que las instituciones se adhieran al realismo.

Esto es su manera de decir, que espera que Europa pague toda la deuda del gobierno griego, y que el mismo, es decir ahora con Syriza, pueda seguir sus políticas más o menos como siempre, aumentando, incluso, el tamaño del Estado en la sociedad. Si fuera por Syriza, hasta ser un estado casi comunista, y lo de “casi” en el fondo sobra.

Lo que no dicen estos señores o no entienden – aunque yo creo que sí lo entienden – es el hecho de que es imposible mantener la estructura de gasto del gobierno griego actual con los ingresos que obtiene esa economía. Es decir, no puedes tener funcionarios cobrando 25.000 euros al año en una economía cuasi-comunista. Eso es imposible.

Estamos soportando la dignidad de nuestro pueblo, así como las esperanzas del pueblo europeo. No podemos ignorar esta responsabilidad. No es un asunto de testarudez ideológica. Esto va sobre la democracia en sí.

No tenemos el derecho a enterrar la democracia europea en el lugar donde la vio nacer.

Esta última frase me suena a una especie de amenaza o advertencia, o al hecho de que, de algún modo, Tsipras, sabe que la “democracia” va a terminar en Europa de una u otra manera.

Pero antes tengamos en cuenta una cosa. Tsipras es un líder de un partido comunista (digan lo que digan es un partido de corte marxista); y para un partido de este tipo la democracia perfecta, es decir, el camino final de la democracia es un modelo como Cuba, Corea del Norte o la Unión Soviética. Es decir, que su defensa de la democracia tiene un modelo particular: “democracia participativa”, podríamos decir.

El concepto de democracia que tienen otros ciudadanos que no gustan de estos partidos es un sistema donde no haya partido único, y haya unos límites en las cosas que el gobierno puede o no hacer.

Por lo tanto, las palabras del señor Tsipras son bastante tramposas en el sentido de que él sabe que la manera de que Europa se integre y se salve su “democracia” es que esta se convierta en un continente totalmente solidario, en lo que él considera las “esperanzas del pueblo europeo”.

Ese modelo democrático del que habla es el de la constitución de un sistema casi soviético en Europa, con sus amigos los bancos y cuatro multinacionales más, como únicos beneficiarios de la “propiedad privada”. El resto, a ser “solidarios” por la democracia y los “valores” europeos.

Eso es lo que en realidad quiere este hombre. El no quiere una Grecia independiente y orgullosa, y no digamos próspera. Él lo que busca es su propia prosperidad, y sabe que esta la consigue mediante la pertenencia a esa élite soviética que mandaría en esa Europa.

Una Europa así, tendría que abandonar las elecciones nacionales o, al menos, hacer de estas una pantomima de “partido único”, donde los pueblos europeos no pudieran elegir la secesión verdadera.

Los partidos del estilo de Syriza y similares no buscan la secesión e independencia de Europa. Lo que buscan, y esto lo saben perfectamente, pues está en sus agendas “ocultas”, es la integración europea en un sistema pseudomarxista.

 

El problema de las pensiones en Grecia

 

En esta declaración, Tsipras ha dejado claro, también, cual es el mayor y más importante grupo a defender en las actuales democracias si se quiere ganar las elecciones: los pensionistas.

Los pensionistas son el grupo de votantes más poderosos en cualquier país. Ningún gobierno de ninguna democracia del mundo puede soñar con hacer políticas contrarias a sus pensionistas y durar mucho en el cargo.

Grecia no es una excepción. De ahí que sea una de las referencias principales en los discursos de los políticos griegos.

“Las pensiones no se tocan”

El problema, es que las pensiones griegas son insostenibles, y también las alemanas y las españolas y las italianas y las de cualquier país avanzado.

Tsipras no va a poder aguantar el poder adquisitivo de sus pensiones ni aunque Grecia sea salvada por Europa, simplemente por el hecho de que Europa no podrá mantener el poder adquisitivo de sus propias pensiones eventualmente.

Europa puede ceder en el último minuto de las negociaciones actuales con Grecia – cosa bastante probable – y asegurar las pensiones griegas tal y como están, para disfrute político de Syriza.

Lo que no puede hacer Europa es mantener sus propias pensiones eventualmente. Básicamente, porque el resto de la Unión Europa, incluyendo España, Francia, Italia y eventualmente Alemania (esta quiebra cuando quiebren el resto) no pueden hacer frente a sus promesas de pensiones de fantasía para las próximas décadas; y menos en un entorno de regulación y desindustrialización creciente.

Lo que ocurrirá al final será un colapso financiero monetario de proporciones épicas en el que el poder adquisitivo real, no el “nominal”, de las pensiones será destruido.

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Pero no nos apresuremos, pues eso tampoco significará que otros “grupos” ganarán lo que pierdan los pensionistas, pues en ese escenario, la totalidad de la economía será masacrada bajo el peso del monstruo deflacionario. Es más, otros sectores lo pasarán aún peor que los pensionistas. Todo, hasta que al final, en la mayoría de los países de Europa todos seamos “pensionistas”, es decir, todos cobremos una paga del Estado, que es una de las consecuencias futuras del final de este proceso demencial en el que están embarcados los países avanzados.

Y es que muy a pesar de lo que diga el señor Tsipras, el mismo no es un defensor de la democracia sino de las dictaduras que acabarán por finalizar la era democrática.

Lo curioso de este tipo de personajes es que, a pesar de sus palabras, les importa un carajo el pueblo griego – no hablemos del europeo – y lo único que en realidad le preocupa es el poder y su ego.

Por eso, siempre que escuchemos a Tsipras hablar de “salvar la democracia en Europa”, lo que realmente quiere decir: “acabemos con la democracia en Europa”.

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